
El día de la marmota (1993) es una de esas películas que ha hecho de los noventa una década icónica. Protagonizada por Bill Murray y Andie MacDowell, la película cuenta la historia de Phil Connors, un reportero del tiempo que se ve atrapado en el pueblo de Punxsutawney tras retransmitir el famoso día de la marmota (tradición que, con la salida del animal, anuncia la predicción de los días de invierno).
La escena del despertador que suena mañana tras mañana es la más icónica, con un Bill Murray que va mudando la cara en cada escena según la actitud hacia el nuevo día. El tema va de coger un día normal y revivirlo día tras día, en la misma manera, con los mismos protagonistas, y los mismos sucesos. Y sea cual sea el devenir del día, al finalizar todo retorna a la casilla de inicio.
Los que somos oficinistas vivimos esa especie de realidad continua en la que el despertador suena cada mañana para avanzar en la dirección de un día que normalmente, con sus pequeñas variantes, se va desencadenando con una rutina irremediablemente parecida. Más de uno hemos dicho un lunes o un martes, “ésto es como el día de la marmota”. En uno de los diálogos Phil Connors lo expresa a la perfección (con guiño hacia el público incluido): ¿no has tenido nunca la sensación de que cada día es exactamente igual y que nada de lo que haces cambia las cosas?…
La película es redonda porque es un traje de manufactura impecable: una comedia con un tono justo de drama, buenas interpretaciones y el localismo edulcorado de un pueblo de la América idílica. Lo es tanto que parece que el guion esté sacado de una obra de teatro y no que hubiera sido creado para el cine. Llevarlo al teatro es una buena ocurrencia, lo que ha sido una osadía es crear todo un musical para esta historia.

Groundhog Day se ha re-estrenado en mayo de 2023 en el teatro londinense Old Vic tras una exitosa gira en Broadway. Ha recibido ya premios Olivier como mejor nuevo musical y ha recibido críticas magníficas en una ciudad que es epicentro de musicales. El libreto de la obra es de Danny Rubin que ya hizo la adaptación teatral, y música y letras corresponden al músico australiano Tim Minchin (que adaptó Maltida a musical).
Hay un par de cosas que funcionan a la perfección en Groundhog Day. La primera es la altura musical del compositor Tim Minchin, con temas que bien podrían ser clásicos. Sus letras destilan humor, pero su música es un torbellino de musical clásico con grandes dosis de lirismo. El segundo hito de Groundhog Day es su protagonista, Andy Karl, que interpreta al meteorólogo desesperado por vivir en un bucle temporal en un pueblo nevado, provinciano y aburrido. Karl es actor crecido en las tablas de un musical, y cuenta con tres nominaciones a los premios Tony (la mayor distinción en Broadway). Su interpretación actoral y musical del cínico Connors es simplemente la bomba. A ratos uno parece estar viendo una película en carne y hueso, tal es su despliegue de gestos faciales, combinados con una destreza clásica de musical inenarrable. El tío es guapo, despreciable, atractivo, buen cantante, hipócrita… y todo lo que requiere el perfecto protagonista.
Tanisha Spring interpreta a la productora televisiva que le acompaña, y que Connor se ha empeñado en conquistar a toda costa, a fuerza de revivir cada día. Tiene una voz prodigiosa, y borda algunos de los temas más bonitos, aunque en tema de carisma imposible superar a Andy Karl.
En la historia del día de la marmota hay mucha filosofía y religión encerrada. Desde la idea de reencarnación que defiende la religión budista, hasta el tema de la recurrencia eterna planteado por el filósofo Nietzsche. El alemán propuso la posibilidad de revivir la vida propia tal y como la hemos experimentado. Para muchos sería una condena, mientras que para otros una alegría.
La ficción ha tratado con la idea de redención en títulos míticos. Charles Dickens inmortalizó el cuento navideño por antonomasia, A Christmas Carol, con un avaro Scrooge al que se le da la oportunidad de replantear su vida. En cine el clásico navideño es otro, A wonderful life, con el bueno de Jimmy Stewart siendo capaz de crecerse ante una adversidad económica.
Phil Connor es su versión moderna. Un profesional del mundo de la televisión que goza de enorme popularidad, y cuyo éxito le ha envilecido y alejado del común de los mortales. Un extraño animal (una marmota), un pueblo perdido, (Punxsutawney) y un despertador que suena inexorablemente cada mañana, le llevaran a recobrar la humanidad perdida.
Si pasan por Londres y piensan en un musical, no lo duden. Groundhog Day está a la altura de los clásicos y ver a Andy Karl es comprobar por qué Estados Unidos sigue siendo la meca del entretenimiento. Karl es un portento de trabajo, aprendizaje y formación actoral. Un lujo de musical.
La clá
www.lacla.es
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Groundhog Day. Old Vic.
www.oldvictheatre.com
Imágenes cortesía del Old Vic.
Duración aproximada: 2 horas y 35 minutos, con 20 minutos de intermedio.

