
¡Menuda temporada 25/26 lleva el Centro de Danza Matadero! Casi imposible conseguir entradas si no se planifica bien. Llenos y llenazos, talk-of-the-town, el rún-rún entre comunidad artística y espectadores, sin duda, el Centro de Danza Matadero es el sitio donde están ocurriendo (por fin) cosas interesantes. Hay muy buena oferta teatral en Madrid, pero hacen falta revulsivos. Y ese revulsivo ha sido este inicio de año el de la compañía de danza La Veronal, bajo dirección de Marcos Morau (Valencia, 1982). Una bancada llena de gente joven y de aficionados peinando canas. Lo que tiene que ser, un centro escénico que atraiga a todos.
Siguiendo la estela de su representación en Barcelona y su estreno en la Bienal de Venecia, la nueva producción de la compañía La Veronal, La mort i la primavera, ya ha agotado entradas en su paso por Madrid. El montaje rinde tributo a una de las grandes novelas de la literatura catalana, La mort i la primavera, escrita por Mercè Rodoreda en 1986, obra inacabada y publicada post-mortem. El texto que sirve de base para este nuevo espectáculo de danza es un canto a la soledad y a la alienación del individuo.

La composición del cuadro es de un negro tiza absoluto: suelo de arena negro, trajes negros, fondo negro. Sólo tenues trazos de blanco y rojo como contraste. Hay algo muy reconocible en esta estética muy vinculada a la plástica del expresionismo abstracto de mitad de siglo XX. Pienso, por ejemplo, en las telas rasgadas de Manolo Millares (1926-1972), que en plena posguerra española creaban (en su abstracción) un eco hacia los muertos. Mismo negro absoluto impregnado con el rojo sanguíneo como trazos. La neutralización del color por La Veronal, los tenues brochazos en rojo y blanco, producen esa resonancia de muerte y angustia. A veces rozando el terror japonés (nueva conexión mental, en este caso con la película The ring), tanto en los gestos como en los personajes. Surgen personajes sin faz ni rostro, con el pelo sobre la cara, que se mueven a ritmo espasmódico.
La Veronal crea una sensación insólita en una butaca de teatro, la del terror: un miedo que surge en ciertos pasajes, subrayado por la estética, pero favorecido sobre todo por el estupor de lo que allí ocurre, siniestro e inexplicable. La mort i la primavera es una novela que recompone la solitud y la muerte, ecos de la guerra civil española. La Veronal, con Morau como cabeza artística, sabe entroncar esos sabores con un presente espeluznante, en el que los Estados se pertrechan, las industrias de defensa se alzan, la ciudadanía se acongoja. Un arte, como el de la posguerra de los años cincuenta que se impregna del entorno global en el que se gesta.

Esta producción resalta por su excelencia técnica, más allá de su ya impactante propuesta artística. La cantante María Arnal ofrece una composición musical absoluta, que se mueve entre el fado, la electrónica y la deconstrucción, con una voz que envuelve toda la pieza. Las brumas, la solvencia del sonido, el movimiento continuo y desasosegante, se desarrollan todos sin un crujir de micro, con una calidad que hace pensar en producciones operísticas. Max Glaenzel está a cargo de una escenografía boca-negra, en la que trabaja el “menos es mucho más” (como en la reciente Personas, lugares y cosas).
En una butaca se pueden sentir muchas cosas sobrecogedoras, pero el sentir de la angustia y del pánico son difíciles de recrear. La Veronal toma el pulso a estos tiempos contagiados de muertes y malos presagios en este montaje espeluznante.
La clá
www.lacla.es
- Categoría : Danza
- Duración : 1 hora y 15 minutos
- Intérpretes : María Arnal, Lorena Nogal, Marina Rodríguez, Shay Partush, Núria Navarra, Jon López, Valentin Goniot, Ignacio Fizona Camargo, Fabio Calvisi
- Idea artística y autoría : Marcos Morau y La Veronal
- Escenografía : Max Glaenzel
- Teatro : Centro Danza Matadero
- Fotografía de escena : Silvia Poch

