Se estrena una de las películas que va encaminada a los Oscar®, Hamnet, de la directora Chloé Zhao y producida porlacompañía independiente, Hera Pictures. El guion se basa en la novela del mismo nombre que fue un éxito editorial en 2020, y que en España está editado por Libros del Asteroide. Su autora, Maggie O’Farrell, participa también en el guion del filme que imagina la vida privada del dramaturgo William Shakespeare (Paul Mescal), con la mirada puesta en el que fue su hogar en la región de los Midland. Si la novela hace un recorrido más amplio (explorando la relación de Shakespeare con su padre), la película se centra más en el personaje de la mujer, Anne Hathaway, aquí Agnes (Jessie Buckley), en el entorno boscoso de Stradford-upon-Avon y en los hijos del matrimonio.
El punto de partida es una mirada contemporánea hacia las relaciones personales de Shakespeare con su familia, con una semblanza de la mujer (a ratos bruja, a ratos herborista), y de su pequeño núcleo familiar. Hay en la novela y en la película una construcción ficticia que se aposenta en conocimientos compartidos entre la vida y la obra del poeta inglés. A ratos se recitan pasajes de obras del dramaturgo, o aparecen elementos que es posible identificar en sus dramas y comedias.
O’Farrell imagina un Shakespeare atormentado por la pérdida familiar del hijo que es capaz de crear, sobre el expurgo del dolor, su personaje más emblemático, Hamlet. La hipótesis no es descabellada, su hijo Hamnet, fallecido a los once años posiblemente por la peste, se produjo durante su período más prolífico, y a tan sólo un puñado de años de que gestase la tragedia del príncipe danés, de casi igual nombre.
La visión de la historia en la película parte de un virado tono femenino. A ratos, Shakespeare es un secundario en una vida hogareña en el campo. Importa más lo que ocurre en los juegos de la casa, o en los cultivos de los setos, que en Londres. Ese viraje palpable hacia lo cotidiano y la evocación de un mundo onírico, hacen de la película una historia preciosista, que se para más en mostrar las raíces de las plantas, que en el proceso creativo del autor. Las escenas más evocadoras (imposible no pensar en Ofelia, loca, cantando a todos los tipos posibles de yerbas y flores), son las que se suceden en el bosque. Un follaje pleno y verde que contrasta, como en los cuadros de Camille Corot, con el vestido bermellón de Agnes.
La actriz Jessie Buckley, con la cara sucia en muchas escenas, realiza una interpretación de enorme fortaleza, encaminada, sin duda, a darlo todo en las escenas de mayor fisicidad (los partos y la muerte del hijo), pasajes de una enorme fuerza fílmica. Buckley se llevó en 2022 el premio Olivier (la más alta distinción del teatro británico) como mejor actriz de musical por Cabaret en el Kit Kat Club. Sale aquí totalmente de ese registro para hacer una interpretación muy pegada a cámara. Paul Mescal es un actor en pleno apogeo, y lleva encadenando grandes éxitos, incluido algún blockbuster. Mescal también ha sido galardonado por los Premios Olivier, en su caso por la adaptación de Un tranvía llamado deseo, el clásico de Tennessee Williams que pasó del Almeida Theatre en Londres, al West End y luego a Broadway. Como curiosidad, a ambos actores los dirigió en sendas producciones teatrales una de las voces más interesantes del teatro actual en Londres, la de la directora Rebecca Frecknall.
La película me ha emocionado mucho más que el libro, que no me atrajo tanto en esa propuesta de “se non è vero, è ben trovato”. Los personajes de Shakespeare y de su mujer están perfilados con una perspectiva de conflicto interpersonal propia del siglo XXI, muy alejada de lo que debían ser las relaciones interpersonales en el siglo XVI. Y los paralelismos entre tragedias familiares y creación, son también más propios de una mirada psicoanalítica, de nuevo más cercana a nuestra contemporaneidad.
Hay algo, no obstante, que funciona maravillosamente bien en la puesta en escena visual. Se trata de esa conexión visceral entre naturaleza (la real, con los árboles, y la humana) en la gestación del universo casi onírico de Shakespeare. Y se consigue de una forma tremendamente sutil, dando por sentado que cuando se muestra un jardín pleno de plantas, cualquier espectador puede asociar esa imagen con los versos de muchas de las obras de Shakespeare en los que se canta a las flores o a los pájaros. El personaje de Agnes, de la mano de una excelsa Jessie Buckley, enlaza a una mujer reservada y de campo con personajes como Puck (Sueño de una noche de verano) o con las brujas de Macbeth. Les recomiendo encarecidamente ver esta película, Hamnet, en pantalla grande y dejarse llevar por ese sonido de ramas de árboles y por una naturaleza que es parte imprescindible del folio shakesperiano.
La clá
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