Murmullo. Sala Cuarta Pared.

Regresa “Murmullo”, obra gestada en conmemoración del 40 aniversario de Sala Cuarta Pared. Este recinto teatral, gloriosamente longevo en la compleja escena del “off  madrileño”, sopló velas encargando a varios dramaturgos la composición de un tríptico de la vida. La Sala Cuarta Pared es uno de esos casos a estudiar en los que la afluencia de público ha acabado por trastocar la fisonomía urbanística de un barrio de una gran ciudad. Poco se habla de ello. Los alrededores de la calle Ercilla son hoy sede de otras muchas salas, y en los aledaños han nacido restaurantes de esos que aparecen en guías de entendidos. Se cumple aquí el fenómeno de teatro como recinto físico que dinamiza un núcleo vecinal, un barrio de la ciudad.

Murmullo es una historia de un duelo de cuatro amigos alrededor de una comida en honor a su recientemente fallecido amigo Simón. En torno a los fastos de unas raciones de menú se monta una construcción alegórica sobre el duelo en torno a la pérdida de un amigo. Para los dramaturgos Miguel Valentín y Aitana Sar el dolor es un vuelo que debe emprenderse en compañía y, en particular, en formación de bandada de pájaros. El título de la obra surge del vuelo de los pájaros estorninos, que son esas aves que vuelan en agrupación, creando formas insólitas sobre el cielo. Ese vuelo sincronizado es lo que se conoce en ciencia como “murmullo”.

En lo que se refiere a la acción, el texto toma prestado el relato de “El coloquio de los pájaros”, escrito por el poeta persa de Farid Udin Attar en el medievo. El director inglés Peter Brook (1925 – 2022) fue un enamorado del relato de Attar, hasta tal punto que Brook retornó en montajes sucesivos al viaje de esta bandada de pájaros narrada por el escritor persa. Tuve la suerte de ver a Peter Brook, emocionado, estrenando “The Valley of Astonishment” en el Bouffes parisino. El relato del poema original cuenta el vuelo que emprenden distintas aves al unísono, animadas por un pájaro abubilla. En su recorrido iniciático deberán atravesar distintos valles (Búsqueda, Amor, Conocimiento, Desapego, Unidad, Asombro y Muerte) hasta llegar al rey Simurg, del que esperan les desvele el sentido del viaje. A quien no haya leído este bonito relato recomiendo la galardonada edición de Peter Sís, publicada aquí por la editorial Sexto Piso.

Los protagonistas de Murmullo son cuatro amigos que, como distintas aves, afrontan el dolor de manera diferente (como diferentes son los valles). La historia arranca con una fuerte cotidianidad que funciona muy bien y que luego se irá disolviendo. La amiga profesora anda apurada por dar una clase y espera cómica a que llegue su conductor del Uber, Roberto Carlos. En un juego de exploración, e inspirados por el relato de Farid Udin Atter, los amigos irán recorriendo el duelo como mejor sabe cada uno. Hacia mitad se produce un cambio en el tono hacia una mayor abstracción, curiosamente a cargo también de la actriz Nataliya Andru, que pasa de la comicidad del comienzo a un ejercicio físico de yoga verdaderamente admirable. Llevo años yendo al teatro, y es la primera vez que veo a una mujer embarazada sobre las tablas, lo cual ya en sí fue una preciosa sorpresa. El momento álgido de la pieza es, posiblemente, cuando Nataliya se transforma en pájaro.

Los actores Marina Herranz, Andrés Picazo y Fran Vélez hacen las veces también de aves, aunque a su manera. Las personas, como las aves, pertenecemos a distintas especies. Marina es líder como abubilla, Andrés es tímido y reservado. Fran es un pájaro explosivo.

La obra es un bonito homenaje a uno de los poemas iniciáticos más bellos de la literatura universal que encandiló a grandes creadores, como el citado Peter Brooke o el escritor Jorge Luis Borges.

La clá

www.lacla.es

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