Natale in Casa Cupiello. La Perla 29, Barcelona.

La Perla 29 es una compañía teatral barcelonesa que lleva desde 2002 produciendo y montando teatro con una vocación de exploración artística. Tiene en el Teatre La Biblioteca su espacio escénico, y desde años opera bajo la batuta del director Oriol Broggi. En estos años atesora premios insignes, éxitos de público y montajes que han girado por lo que se conoce como “grandes teatros”, el Teatro María Guerrero, entre ellos. En cuanto a la propuesta artística hay una combinación entre grandes clásicos del XX y dramaturgia actual, con nombres de algunos dramaturgos (Shakespeare, Mouawad) que repiten en cartel.

El espacio en el que La Perla 29 tiene su centro de operaciones es un lugar muy especial que los barceloneses conocen como el “Teatre La Biblioteca”. El Teatre La Biblioteca está ubicado en una de las naves góticas del antiguo Hospital de la Santa Creu, un edificio civil del siglo XV que, bajo administración eclesiástica, albergó todos los servicios médicos hospitalarios de la ciudad y permaneció activo hasta finales del siglo XIX. Para llegar hay que pasearse por el barrio del Raval y perderse en sus intrincadas calles que tienen siempre un aura de misterio casi fílmico. Así que ir a La Perla 29 tiene una motivación meta-teatral, la de disfrutar de las bóvedas ojivales del Hospital de la Santa Creu.

Estas semanas se representa una obra perfecta para esta época invernal del año, Natale in casa Cupiello, escrita en 1931 por el prolífico dramaturgo italiano Eduardo De Filippo (1900-1984). La pieza está en el puñado de sus primeras obras, y vaticina muchas de las cosas que se irán repitiendo en su teatro (Con derecho a fantasma, Nápoles Millonaria, El arte de la comedia), con todo el sabor napolitano que impregna su producción artística.

De Filippo se representa dolorosamente poco en estos tiempos, casi con seguridad porque sus comedias requieren un amplio elenco artístico y son, en definitiva, costosas. ¡Menuda pérdida! De Filippo es un maestro de lo teatral, con una capacidad enorme de crear un ecosistema de caracteres que se mueven entre lo cómico y lo trágico, y que bordean el patetismo con un toque de ternura que es irrepetible. Sus dramas se desarrollan en casas desvencijadas, en las que se entra y sala, y pienso que la escenografía es siempre esencial en cualquiera de sus montajes.

Oriol Broggi, que es un director reincidente en De Filippo (suya es la producción de 2010, Con derecho a fantasma), se ha superado en un montaje italianizado, que juega a dar saltos entre el catalán y el italiano. ¡Pasar por italiano siendo tú de Girona!, exclama uno de los actores hacia el final de la función. Hay bullicio, hay bronca, hay, en definitiva, vida propia en este montaje que se envuelve en una bruma napolitana. La escenografía es de Paula Bosch, y tiene ese aire destartalado de casa vieja, donde todo tiene esa apariencia de gastado por el uso. Una vajilla con muescas, un papel de pared despegado o un mueble con golpes. Pero con la dignidad que le da el ama de la casa. Marissa Josa borda con sutileza a una mujer que lo único que hace es laborar en casa y ocultar los pecados de los hijos.

Pep Cruz es el padre de familia de una casa que es a ratos estrambótica, tanto como su personaje, un hombre preocupado sólo por su Belén. La obra se la lleva de calle con su magnetismo y su comicidad, con unos toques auténticos de neorrealismo italiano. Entre los grandes momentos, sus andares con el pantalón a media rodilla con el cinturón perdido. O ese momento en que sentencia que un pesebre emociona a todo el mundo (elocución emparentada con “¿A quién no le gusta un baptisterio romano del siglo I?”).

Un aspecto destacable de las comedias del dramaturgo italiano Eduardo De Filippo es que se asientan en espaldas anchas, y por mucho que Pep Cruz esté inconmensurable, el juego y la bulla se tienen que armar entre todos. Las broncas entre hermano e hijo en torno a los hurtos, los celos matrimoniales de la hija, el médico estirado, la vecina que prácticamente vive en casa… Son Lluís Marquès, Ramon Vila, Joan Arqué, Jordi Coromina, Noël Olivé, Eduard Paredes, Màrcia Cisteró. Maravillosamente italianizados y ruidosos.

En el teatro, por muy bueno que sea, rara es la vez que por arte alquímico se produce la transmutación del artificio en realidad. Mucho tiene que jugar a favor, espacio, escenografía, interpretación, historia y dirección. Broggi y el equipo artístico han logrado el milagro en una brumosa casa napolitana con un pesebre como tesoro. Una delicia.

La clá

www.lacla.es

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