
El Burgtheater vienés es, desde su construcción en 1888, la sede del Teatro Nacional de Austria, fundado en 1741. El edificio, de corte neobarroco, fue parte del proyecto urbanístico de edificación del Ringstraße, el anillo que bordea el centro histórico vienés. Situado en los bordes del anillo, el Burgtheater se abre majestuoso hacia una zona amplia de la ciudad en la que se encuentra el ayuntamiento.
Al contrario que lo que ocurre con la ópera vienesa, visitada por cientos de turistas al día, el Burgtheater tiene una afluencia testimonial en lo que son sus visitas guiadas. Diría que incluso está más orientada hacia público local o germanoparlante. Seguramente con el tiempo cambie la cosa, pero a día de hoy son limitados los días y horarios de visita. Además, resulta casi imposible conseguir que el día de la visita coincida con un tour guiado en inglés. No hay audioguías, pero merece la pena apuntarse a la visita que haya, aunque sólo sea por ver las tripas del teatro. Para los que no hablen alemán (como yo), sufrirán por no enterarse de lo que cuentan, pero a cambio se puede cotillear toda la parte técnica en montaje.
Con o sin guía en inglés, merece mucho la pena la visita. El Burgtheater no es sólo más encantador que la ópera vienesa, sino que además esconde un tesoro artístico en forma de frescos. Entre 1886 y 1887 los hermanos Klimt, Gustav y Ernest, junto con el también pintor Franz Matsch recibieron el encargo del emperador Francisco José I para pintar los paneles principales del techo situados en la grandiosa escalinata de entrada al edificio.

Quien entra por la escalinata principal del Burgtheater debe mirar hacia el cielo, donde podrá contemplar el resultado de aquel encargo: «El altar de Dionisio«, «Carro de Tespis» (ambas de Gustav Klimt), «Escena de teatro antiguo» (de Franz Matsch), «El Globe Theatre de Shakespeare» (de Gustav Klimt) y «Escena de Molière» (de Ernst Klimt). Son todas escenas dedicadas al noble arte del teatro y a alguna de sus grandes figuras. Con este tributo, el Burgtheater quiso emparentarse con la gran tradición escénica y convertirse, como en efecto es, en uno de los grandes templos teatrales europeos.
La historia del Burgtheater ha corrido pareja a la de la capital vienesa, es posible, por tanto, ver fotografías antiguas de grandes banderolas nazis colocadas sobre su fachada. A día de hoy, sin embargo, superó aquellos tiempos oscuros en los que su programación estuvo marcada por autores que reflejaron el ideario del tercer imperio alemán. Contrasta enormemente pensar que hoy día, por el contrario, el Burgtheater es un estandarte de la modernidad y de lo mejor del teatro en lengua alemana.

Esa valentía artística se sigue materializando en su producción más reciente. En la temporada pasada, la dramaturga Elfriede Jelinkek vio representada su pieza “Burgtheater” en el propio teatro, un relato muy crítico hacia la escena austriaca de los ochenta frente a su pasado. La sociedad austriaca sigue teniendo una aposentada clase ultraconservadora, y la autora sigue levantando ampollas con sus piezas. Nos lo contó el periodista de El País, David Granda, al tanto siempre de lo que ocurre en el entorno cultural alemán y austriaco.

En la actualidad, el director artístico del Burgtheater es el suizo Stefan Bachmann. Este año el teatro celebra 250 años de andadura y lo están celebrando con diferentes actividades. Su programación es como un fogonazo, con montajes que se suceden en diferentes espacios por períodos imposibles de tiempo (a veces, tan sólo unos días).
La visita guiada al Burgtheater, para quien no acuda al teatro, es muy recomendable, aunque los horarios y los idiomas sean limitados. Para quien no pueda acudir, Burgtheater se ha aliado con Google para ofertar una visita por sus frescos a través de Google Arts & Culture. Una alternativa digital estupenda.
La clá
www.lacla.es

- Imágenes : © Karl Heindl, BURG

