
Casa de muñecas es la pieza teatral más conocida de Henrik Ibsen, estrenada en el Teatro Real de Copenhague en 1879. Causó un enorme revuelo social y está en el panteón de las mejores obras dramáticas de la era moderna. Se dice que la obra se adentra en el feminismo, aunque para mí es más que cuestionable que el planteamiento así lo sea. Lo que sí fue vanguardista es colocar a un personaje femenino como centro de una trama y hacerlo de tal forma que sus reacciones fueran en contra de cualquier convención social. Imposible pensar en un Ibsen feminista, cuando su entorno social, la bohemia nórdica de la época, se destacaba precisamente por altas dosis de misoginia. El genial pintor Eduard Munch (amigo de Ibsen y artífice de alguno de sus decorados) supo plasmar como nadie el sentimiento hacia la mujer en la época. Lo femenino se asociaba con vampirismo y con sentimientos como la angustia, la decepción o el engaño. Nora, la protagonista de Casa de Muñecas, es una mujer que ejerce el libre albedrío, pero está lejos de ser una heroína o una Juana de Arco, no nos equivoquemos.
Esta lectura es la que ha realizado la dramaturga Anya Reiss (Gran Bretaña, 1991), que ha cogido el texto clásico de Ibsen y lo ha llevado magistralmente a tiempos actuales. Pero empiezo con lo importante, que es el foco sobre el personaje de Nora. En esta producción para el Teatro Almeida de Londres, la protagonista Nora (Romola Garai) es todo lo que es en el texto de Ibsen. Joven, sexualmente activa, guapa y tremendamente superficial. Nora quiere un estatus de vida en el que entran bailes, trajes vistosos y festejos navideños caros. Adora a su marido, por el que es capaz de sacrificarse y enredarse. En su reescritura del texto Anya Reiss lleva al extremo todos estos atributos, haciendo brotar lo que es mucho más sutil en el texto de Ibsen. Nora no es una beata, sino un ser gestado en una sociedad guiada por las apariencias y el estatus social.
En esta modernización del clásico dirigida por Joe Hill-Gibbins (versado en Ibsen, por cierto), Nora y su marido viven en un adosado de la urbe londinense. Él no es banquero sino gestor de un fondo de inversión, y la estafa que comete Nora no es una falsificación de firma sino un traspaso de fondos con claves no autorizadas. El marido, Helmer, no ha sufrido un deterioro de salud por cansancio, sino que ha estado en una clínica de desintoxicación por abuso de cocaína. Hay muchos obstáculos decimonónicos en ese viaje futurístico del siglo XIX al XXI que la autora de la adaptación resuelve con solvencia. La amenaza de la carta depositada en un buzón se convierte aquí en un whatsap no leído en el móvil de empresa. Lo que resulta algo más forzado son esas visitas continuas a la casa, algo más propio del centro de una ciudad del XIX que de una casa suburbial. Pero aquí el director juega con cierta abstracción del espacio, no tratando de naturalizarlo.
Hablando de espacio, el de entrada es absolutamente epatante. El Teatro Almeida es una sala pequeña que permite una cercanía absoluta. Los actores pueden permitirse actuar tumbados y al borde de los espectadores, algo que es impensable en teatros mucho más grandes. Es un filón que aprovechar, aunque es, al mismo tiempo, de una exigencia absoluta para los actores. La escena primera es espectacular (creación del escenógrafo Hyemi Shin) con un salón con decenas de bolsas de Liberty, Joe Malone, Selfridges, Lego… repartidos junto a decoración navideña por colocar. Un dispendio que ya de entrada poner las cartas sobre la mesa.
Hay dos pasajes electrizantes en esta producción, el de arranque y el cierre, en los que Nora y su marido se enfrentan en dos tiempos no lejanos entre sí, pero entre los que hay un abismo de sucesos. Digo que es electrizante porque Tom Mothersdale (Helmer) y Romola Garai (Nora) tienen un embiste catártico. En ellos se aprecia la sexualidad, la dependencia y el profundo egoísmo que invade a ambos personajes, mucho más evidente en él, pero pasmosamente real también en la decisión final de ella. Romola Garai (la actriz que ha hecho que muchos espectadores se desmayen en su relato de un aborto en The Years – ¡lo atestiguo! -), lleva sin duda el peso de la función. Pero hay una compenetración tan bien coreografiada entre este matrimonio que se les echa en falta cuando no están juntos sobre escena. Completan el reparto Olivier Huband (el amigo médico), Thalissa Teixeira (la amiga) y James Corrigan (el empleado chantajista), todos muy medidos en su trabajo.

Comenté que esta obra es un centrifugado del original de Ibsen que, a su vez, incorpora la lectura propia de la dramaturga sobre sus protagonistas. Debo confesar que eché en falta la mezquindad del marido en ciertos pasajes intermedios, pero entendí luego que estaba reservada para un atronador final. Encuentro profundamente inteligente mostrar a Nora como un ser mucho más complejo y superficial de lo que la muestra Ibsen. Quizás el affaire con el médico sea una adición innecesaria que, en este caso, se podría mantenido en esa ambigüedad original ibseniana. Muy acertadamente la autora no ha querido edulcorar a Nora en una sociedad infinitamente más consumista y superficial que la del siglo XIX. No hay redención para ella, como no la hubo en el gélido Copenhague de 1879.

La acción de Casa de Muñecas presenta una dificultad absoluta. Todo debe desencadenarse de tal forma que haya una credibilidad absoluta ante una decisión tan contra natura como la que toma Nora en el momento final. Es una mujer protagonista que toma las riendas de su vida y que abandona a un marido que es de una vileza insufrible, pero lo hace a un precio descorazonador. El público debe sentirse perdido y al mismo tiempo cómplice de esa revelación. Se oyeron algunos cortes de respiración en el público en este momento final, ¡bravo!.
El Teatro Almeida entra en una nueva etapa de dirección artística con Dominic Cooke a los mandos. Doll´s House es la primera producción de la nueva etapa y es sin duda de una calidad enorme, con una marcada modernidad que es símbolo de la casa.
Un truco para espectadores londinenses. Si quieren asistir, aunque las entradas aparezcan como agotadas, escriban o pásense por taquilla que siempre se libera alguna en los días cercanos.
La clá
www.lacla.es
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Doll´s House
https://almeida.co.uk/
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Duración
2 horas y 25 minutos con intermedio
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Imágenes
Marc Brenner
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Versión
Anya Reiss sobre el original de Ibsen
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Dirección
https://almeida.co.uk/
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Reparto:
Tom Mothersdale (Helmer), Romola Garai (Nora), Olivier Huband (el amigo médico), Thalissa Teixeira (la amiga) y James Corrigan (el empleado chantajista).
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Diseño de escenografía
Hyemi Shin

