The Years. Harold Pinter Theatre, Londres.

El miedo a generar daño psicológico ha llevado en estos años recientes a que cualquier obra de teatro avise sobre los riesgos que acarrea. En los teatros londinenses estas advertencias (que son, al mismo tiempo, exclusiones de responsabilidad) se están llevando a extremos ridículos. Así lo denunció el gran actor Ian McKellen quien, en unas declaraciones de 2023, comentó que tanta advertencia era una pamplina y que a él, personalmente, le gusta ser sorprendido por actitudes inapropiadas que sucedan sobre escena.

La obra “The Years” (Los años) es una adaptación de la novela de la escritora, premio Nobel, Annie Ernaux (Francia, 1940). La historia es un recorrido paralelo entre la vida de una mujer nacida en los años cuarenta y su contexto social e histórico, hasta llegar a los primeros años del nuevo milenio. Es una historia conmovedora y muy libre en la forma en que afronta la sexualidad, con relatos intensos sobre abusos sexuales y abortos.

La adaptación de la pieza (llevada a escena por la directora noruega Eline Arbo) es muy fiel, en su toma de postura, a la obra de Ernaux. Los carteles en el foyer del teatro Harold Pinter en Londres anuncian, siguiendo la tendencia reciente, que hay escenas muy explícitas que pueden perturbar. Cuando lo leo pienso en la victimización del público, y en esta sociedad sobre – protectora, pero la noche me reserva una sorpresa. Durante la escena más dura de “The Years”, cuando la actriz Romola Garai está reviviendo el aborto con la sóla fuerza de su palabra, un hombre del público sufre un desmayo. Se interrumpe la obra, que comenzará de nuevo en el mismo punto (¡olé! para la actriz), unos minutos más tarde.

Pienso que es un hecho puntual, que la escena es en sí cruenta y que ha afectado a una persona. Al lado mío, sin embargo, ya he notado a una mujer pasados los sesenta agarrar fuertemente la mano a su marido. Se nota que la escena evoca alguna tragedia personal. Pienso en el hombre desmayado y cuando llego al hotel leo reseñas de la obra. La periodista de The Guardian, Nadia Khomami, relata en este artículo cómo la obra, en su primera puesta en escena en el Teatro Almeida, tuvo que suspenderse por desmayos de varios hombres en la escena del aborto.

Me quedo simplemente anonadada. La escena es desgarradora, de una tristeza infinita, y con una actriz, Romola Garai, que ha embaucado al público hasta llegar a ese punto. Pero créanme que no se ve nada, nada más allá de la sangre en las piernas y de un parlamento tristísimo. Y pienso en el poder infinito del teatro, en su fuerza desgarradora, en la capacidad de trasladarnos emocionalmente a situaciones tan extremas. Aun así, y pese a los desmayos, creo que las advertencias son, como dice McKellen, una pamplina. Cada uno que corra con su propio riesgo.

Quien haya leído la novela de Annie Ernaux reconocerá en la pieza un relato fiel con la preciosista narración. La novelista francesa juega con fotografías que retratan a una persona y una década en su vida. Y a partir de ahí desarrolla una época y desmenuza a una clase social. El relato es valeroso en los anhelos sexuales de una adolescente, de una mujer adulta, de una divorciada menopáusica, de una anciana superviviente al cáncer. La directora noruega, Eline Arbo, ha hecho una interpretación inteligente, valiéndose del relato pictórico de “Las edades de la mujer” pintado por artistas flamencos como Hans Baldung, o de vanguardia, como Gustav Klimt. La directora, a través de cinco actrices (Deborah Findlay, Romola Garai, Gina McKee, Anjli Mohindra, Haymony Rose-Bremner), vivifica las muchas vidas de una misma mujer. Ellas se irán dando el relevo sucediéndose en los años que van amontonándose.

El relato se va construyendo de forma espiral, con las mujeres arremolinándose con cada edad. Distintas sábanas blancas sirven de fondo de los retratos. Irán recogiendo las huellas de las etapas hasta acabar colgadas, en un inteligente ejercicio poético y sentimental al final del montaje.

Harmony Rose-Bremner tiene una voz descomunal que le sirve para enlazar a la niña con diversas canciones, que tendrán un lugar importante en la obra. Anjli Mohindra es una joven adolescente en pleno descubrimiento sexual. En escenas altamente comprometidas despliega un sentido del humor brillante. Romola Garai es una treintañera combativa y seductora, pero antes, una joven desgarrada por un aborto ilegal. Gina McKee tiene la seguridad y la nostalgia de una mujer de mediana edad que ha construido una vida sobre las pérdidas y que se enamora perdidamente de un joven, con el que sólo comparte cama. Deborah Findlay da el punto de seriedad cómica, y llega al final recogiendo la siembra de las anteriores.

La crítica teatral en Londres se ha rendido a este montaje de The Years. Y lo hace también un público que se embarca en un viaje personal peligroso, que vuela muy a ras, y del que el espectador sale tocado y profundamente emocionado. Imposible no sintonizar con un viaje que mezcla andanzas vitales con lavadoras, enamoramientos con reivindicaciones políticas. Chirac, hijos, Argelia y mayo del 68.

Si tuviera una barita, le diría a la directora, Eline Arbo, que se atreviera con un montaje en español. O que Miguel del Arco pelease los derechos de puesta en escena. Sería sensacional.

Si van por Londres, y son capaces de aguantar el vértigo, vayan a verla, sobre todo si son mujeres. Hay mucho dolor colectivo en esta obra que se exorciza sin drama, con mucha valentía y, al mismo tiempo, con calidez.

La clá

www.lacla.es

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The Years. Harold Pinter Theatre.

https://www.haroldpintertheatre.co.uk

Imágenes cortesía del Theatre Almeida.

https://almeida.co.uk

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