Brian Cox, “Putting the Rabbit in the Hat”.

En 2021, Brian Cox publicó su autobiografía “Putting the Rabbit in the Hat”. La expresión viene de una broma entre actores. Para sacar el conejo del sombrero, primero hay que meterlo en el sombrero. Es un juego de palabras relacionado con el método actoral: qué hacer para afrontar una interpretación, cómo trabajar para que el resultado sea algo creíble.

La peculiaridad de Brian Cox, más allá de su papel icónico como el magnate televisivo interpretado en la serie Succession, es que Cox ha sido, principalmente, un actor de teatro. Así que gran parte del libro está dedicado a su experiencia en el mundo teatral.

Escrito en lenguaje coloquial, a ratos pareces estar escuchando a un escocés sardónico y con temperamento. También a Logan Roy. La primera parte habla de sus inicios y del nacimiento de su vocación.

De los directores audiovisuales no tiene gran concepto, sobre todo si son televisivos. Les critica estar más pendientes de lo técnico que de los actores o del guion, con alguna excepción notable, como Spike Lee o Woody Allen. En la biografía va hablando, de manera alterna, del teatro y del cine. Del cine dice que la cámara permite dar más detalle a la actuación, pero también que no permite jugar como en el teatro. Habla del “down-staging”, una técnica para capturar la atención del público, incluso cuando el personaje está en segundo plano.

Los años de pura efervescencia de Cox en el teatro le llevaron a trabajar con todos los grandes, incluida la tríade de Olivier-Richardson-Gielguld. Pero también con los creadores de las nuevas formas teatrales, como el dramaturgo John Osborne (Look back in anger)o Joe Orton. Con Laurence Olivier coincidió en varias ocasiones, pero recuerda especialmente su carácter en una producción televisiva para el Rey Lear. Es una anécdota que ha contado muchas veces y merece ser escuchada, por ejemplo aquí.  

Lo más relevante de este libro es la generosidad con la que cuenta sus aprendizajes. Habla de sus cualidades para generar parlamentos de enorme temperamento, y de su viaje hacia la contención. De Gielgud recuerda cómo aleccionaba a los actores pidiéndoles que no gritaran. Respecto a su proceso actoral se distancia fundamentalmente de los actores americanos, pero también de los suyos. No comparte el proceso de Ian McKellen, aunque reconoce su talento. Cox defiende una actuación que ofrece la expiación del intérprete. De McKellen parece criticar su virtuosismo, que hace esconder su falta de pleno compromiso. Aprecia más Brian Cox las capacidades interpretativas de Judi Dench, por ejemplo.

Tuve la suerte de ver a Brian Cox recientemente en Largo viaje del día hacia la noche en Londres. Tiene una voz atronadora, capaz de llenar un auditorio entero. Sentada en las primeras filas, pude apreciar la fineza de una actuación, que se siente hasta en el movimiento de manos. Una suerte inmensa, como también lo es leer sus vivencias y su visión sobre una profesión que obliga a una constante reinvención.

La clá

www.lacla.es

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