Look Back in Anger. Theatre Almeida, Londres.

Para muchos de nosotros la expresión en inglés “Look back in Anger” la conocimos gracias a la canción de Oasis, “Don´t look back in Anger” (1996), en lo que fue una descarada apropiación cultural. Los hermanos Gallagher quisieron asociarse con uno de los bastiones culturales de rebeldía del Reino Unido. Dejando a los Gallagher a un lado, vamos con la verdadera revolución que supuso la obra Look back in Anger (1956) en la escena británica y también, por contagio, en la mundial.

La obra, escrita por un joven y (entonces) desconocido dramaturgo John Osborne (1929 – 1994), fue estrenada en el Royal Court de Londres, que iniciaba la temporada con un llamamiento a nuevos dramaturgos.

Michael Billington, que no es sólo el crítico en activo más reputado de Reino Unido, sino además un historiador de las artes escénicas, lo cuenta en un artículo imprescindible en The GuardianBillington explica cómo la producción del 56 captó la atención de muchos críticos de la época que, con sus reseñas, contribuyeron a su éxito y ensalzamiento. La principal crónica la publicó el crítico Kenneth Tynan (1927-1980), que fue asesor literario del National Theatre y, como curiosidad, un enamorado de Valencia. Tynan profetizó que la obra sería lo más relevante del teatro británico de la época, y míticas son sus palabras: “I doubt if I could love anyone who did not wish to see Look Back in Anger.” Lo que Tynan vislumbró en su crónica para el diario The Observer, es que por fin llegaba a las tablas una pieza teatral furiosa, que hablaba no sólo del signo de los tiempos, sino que además lo hacía en boca de la generación joven, de entre veinte y treinta años.

Tan sólo unos años antes, en 1949, un irlandés, Samuel Beckett, había compuesto la pieza teatral que marcaría el espíritu de la posguerra, Esperando a Godot, y que se había ensalzado con el trono del existencialismo y del absurdo. La obra de Osborne también se nutre de este contexto pero, a diferencia de la obra beckttiana, huye de la abstracción. El francés Jean Paul Sartre (con Huis clos, 1944), y Samuel Beckett, unos años después, encontraban en la soledad y el antagonismo humano, representado alegóricamente, una respuesta al estado de la humanidad al final de la Gran Guerra.

Primera producción de Look back in Anger. Cortesía Victoria and Albert Museum.

John Osborne, sin embargo, optó por representar ese mismo malestar de una forma cotidiana, dando paso a lo que se llamó “dramas de cocina”. El país seguía gobernado por Winston Churchill (hasta 1955) y los conservadores que habían gestionado los años de guerra. El teatro británico, anclado en Shakespeare, daba su salto a la pantalla, con Laurence Olivier estrenando la versión filmada de Richard III. La cadena ITV se lanzaba para competir con la BBC. Y, ¡por fin!, llegaba a término el plan de racionamiento de comida de la población.

La generación que se adentraba en la edad adulta, los jóvenes nacidos poco antes del estallido de la II Guerra Mundial, lo hacían sin haber combatido en la guerra, pero habían, a cambio, vivido los desastres y las penurias. La obra de Osborne fue anunciada en el programa de mano como el reflejo de un “angry young men”. Este calificativo vino a designar a toda una generación de escritores de la época. Jóvenes, desilusionados y cabreados con el entorno social de la época.

El personaje principal, Jimmy Porter, lo expresa continuamente a lo largo de la obra, quizás especialmente en este pasaje: “(…) You see, I learnt at an early age what it was to be angry – angry and helpless. (…)”.

El arranque de la pieza es toda una declaración de intenciones. En una sala de estar en un piso buhardilla en alguna ciudad de tamaño medio en los Midlands, dos hombres leen el periódico y fuman, mientras una mujer, con una camisa de cuadros de hombre, plancha.

Sobre la escena una tabla de planchar. Hoy parece algo corriente y no muy rompedor, pero hay que pensar que el dramaturgo Noël Coward seguía estrenando sus comedias románticas en los teatros comerciales. Y Shakespeare se montaba en la forma convencional. En ese contexto teatral llegaba un joven, John Osborne que, de manera pasivamente revolucionaria, decidía montar en escena la cotidianidad de cualquier grupo de jóvenes. Un piso compartido de alquiler, unos trabajos sin importancia, y unas relaciones afectivas abiertas y basadas en la autodestrucción.

JIMMY: God, how I hate Sundays! It´s always so depressing, always the same. We never seem to get any further, do we? Always the same ritual. Reading the papers, drinking tea, ironing. A few more hours, another week gone. Our youth slipping away. (…)

La versión de los 80 dirigida por Judie Dench, con Kenneth Branagh y Emma Thompson.

Curiosamente, la obra no ha sido prolíficamente montada en sucesivas décadas. Revolucionó la dramaturgia y la escena de una época (y de muchas venideras), pero son pocas las veces que ha sido llevada a las tablas. El montaje clásico, el de 1956 fue el dirigido por Tom Richardson con Mary Ure (Alison), Kenneth Haig (Jimmy), Alan Bates (Cliff), Helena Hugues (Helena) y John Welsh (Colonel Rendelf). En los años 80. Kenneth Branagh y Emma Thompson, dirigidos por Judie Dench, triunfaron con la reposición.

La obra sí que tuvo el éxito necesario para ser llevada al cine con Richard Burton como protagonista, en una película que es además ejemplo del free cinema. En España el montaje no ha tenido el éxito de otros dramas anglosajones de la época, quizás por las mismas razones por las que la obra no vivió un éxito continuado. Look back in Anger es un documento social, revolucionario en sus postulados, pero difícil de deglutir como espectador. La plataforma RTVE Play ofrece la versión grabada en el año 1974 de Estudio 1, Mirando hacia atrás con ira, con Fernando Guillén, Eusebio Poncela, Amparo Pamplona, María Silva y Gabriel Llopart en el reparto.

 

La última producción que se vio en Londres fue en 1999. El Almeida Theatre, uno de los lugares imprescindibles para ver teatro en Londres, ha apostado esta temporada por recuperar a los “angry young men”. Y lo hace poniendo sobre las tablas la icónica Look Back in Anger, dirigida por Atri Banerjee, un joven director de escena. La obra tiene el atractivo fundamental de festejar la revolución que trajo la obra original. Viéndola en escena, la obra sufre de su propia contemporaneidad. Los protagonistas, jóvenes, echan el domingo leyendo el periódico (hoy lo harían jugando a videojuegos). Sin embargo, Jimmy Porter mantiene intacto ese poder incisivo y destructivo de la palabra.

Un matrimonio que convive y que se aniquila. Unos amigos que se necesitan y a la vez desprecian. Diálogos hirientes dirigidos hacia el otro como proyectiles. Mucho de eso hay, precisamente, en dramaturgos contemporáneos como Pascal Rambert (La clausura del amor, Hermanas).

Jimmy Porter es el eje vital de esta obra teatral. Es inteligente, incisivo, pasional, violento, misógino y misántropo. Su vida está marcada por un padre letalmente herido en una guerra lejana (la civil española), y en una formación que le ha dejado una soberbia intelectual que no es capaz de traducir en un trabajo estable. El currículo de Porter es una sucesión de trabajos sin conexión, cualquiera de ellos demasiado pequeño para su pasión o intelecto.

Billy Howle supera con creces a Richard Burton representando todo lo que representa Jimmy Porter. Atractivo, encantador, dolido, deleznable y agresivo, pero todo en la dosis justa, sin que el caballo que es Jimmy Porter se desboque. A Porter hay que dejarle respirar, como una buena botella de vino, dejar así que despliegue todas sus complejidades. El primer acto de Look Back in Anger es casi un monólogo ininterrumpido. ¡Qué manera de conducirlo por Howle!.. Y qué deleite escuchar todo el veneno generacional por su boca. Por supuesto, Jimmy Porter es un abusador, un maltratador, nada que admirar en él. Pero sí en la confección del personaje que hizo Osborne. El dramaturgo supo corporeizar la desazón y la falta de futuro de la generación. Imaginen a un dramaturgo contemporáneo que ahora pusiera sobre las tablas el hedonismo y el cortoplacismo de las generaciones actuales, condenadas a no construir un futuro prometedor por la imposibilidad de acceder a una vivienda.

Ellora Torchia es Alison, un personaje mucho más ambiguo e impredecible. Es una chica de clase media (algo por la que su marido, Jimmy, no le puede perdonar). Es joven, pero no guapa, y su gran atractivo es probablemente su conocimiento de Jimmy.  

ALISON: I keep looking back, as far as I remember, and I can´t think what it was to feel young, really young. Jimmy said the same thing to me the other day. I pretended not to be listening – because I knew that would hurt him, I suppose. And – of course – he got savage, like tonight. (…)

Torchia hace un meritorio trabajo, pero creo que es demasiado guapa y refinada para el papel. Alison tiene que ser una inglesa corriente de los años cincuenta, con una brizna de atractivo. Iwan Davies, como Cliff, sí que da diana en el compañero de clase baja, subyugado por su amigo. Morfydd Clark es también creíble en la amiga traicionera. Pero hay algo en la dirección que mezcla lo correcto, con lo superlativo (Howle), sin que llegue a elevarse.

El diseño de escenario (Naomi Dawson) es, pienso, un error creativo. Se presenta como un ruedo de púgiles. Sin embargo, John Osborne en su texto dedicó el tiempo de describir el entorno, un piso buhardilla. El piso en parte representa a Inglaterra: incómoda, opresiva, deprimente, ahogada por el humo de fábricas, y regentada por una clase establecida que se beneficia de privilegios. Aunque sea una apuesta clásica, los sofás roídos, el piso desangelado y la tabla de planchar como altar, son parte de esa visión de unos jóvenes con razón para estar enfadados.

Con todo, esta producción para el Almeida es muy disfrutona por el lujo que supone ver (montada tras tantos años) Look back in Anger. El teatro Almeida apuesta por talentos jóvenes que seguro irán cosechando grandes éxitos. Billy Howle está incuestionable como Jimmy Porter, con una profundidad y una madurez propia de los grandes talentos.

ALISON: You´re hurt because everything is changed. Jimmy is hurt because everything is the same. (…)

La clá

www.lacla.es

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Almeida Theatre

https://almeida.co.uk/

Imágenes de Look back in anger para Theatre Almeida, © Marc Brenner.

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