Festival TAC 2025. Valladolid.

Más de 25 años lleva organizándose el Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle de de Valladolid. Para los vallisoletanos es cita imprescindible, sobre todo en esas horas ganadas con sudor y esfuerzo, que son las del viernes y sábado tarde – noche. El paseo de sábado, en el que salen elegantes señoras y señores, encuentra en el TAC un deambular propio. Para familias con niños (que son muchas) y para jóvenes, el recorrido tiene algo de juego, mezclado con carritos y mucho compadreo. Valladolid es una ciudad que emana tranquilidad y elegancia. Da gusto ver a la gente arreglada, que hace ese ejercicio de vestirse para ser visto, e ir bien habillado de pies a cabeza. Caminar entre calles casi peatonales, con bares que sirven buen vino de la tierra, y edificios que hacen elevar la vista hacia sus fachadas y ornamentación, hacen de la visita un elogio al pasear.

El Festival TAC se vale de ese deambular entre monasterios renacentistas e iglesias barroca para proponer un programa que se disfruta tanto por lo artístico, como por el entorno. La ciudad es un homenaje al verde, con ese enorme Parque Grande, donde los graznidos de los pavos reales a veces se confunden con los sonidos circenses de los saltimbanquis que se la juegan justo al lado.

Me gusta del TAC que repite escenarios de la ciudad, pero también descubre nuevos. El buen festivalero se hará con un programa de actividades en forma de periódico en la Oficina de Turismo. O bien se descargará la aplicación del Festival en la que además se permite votar a los mejores espectáculos. Mi periódico acaba siempre hecho trizas, mirando las líneas de horarios y emplazamientos.

Junto a los horarios, hay un plano agradecido que indica la iglesia, la plaza o el museo en el que se representará la función. También digo que Valladolid es ciudad agradecida para perderse, porque cualquier calle desemboca en algún pasaje emblemático y, al final, dar con la plaza mayor o la catedral es siempre tarea fácil. Con el Pisuerga al costado, el ejercicio de situarse es mentalmente estimulante pero agradecido, porque siempre se da con lo que se busca.

En esta edición del TAC se han programado 46 espectáculos de compañías procedentes de 8 países y de varias regiones de España (muchas de Cataluña y País Vasco). Ganan con goleada las propuestas de equilibrismo y de danza. Cataluña sin duda destaca con una tradición circense que está muy consolidada, con nuevas generaciones dando continuidad a un oficio de mucha entrega y oficio.

En el TAC, como en la vida, hay que tomar decisiones vitales. Elegir un espectáculo con renuncia a otro, así que esta crónica sólo recoge un muestreo de todos que se han programado. Motionhouse, del Reino Unido, abarrotaron la Plaza Zorrila, en un espectáculo de andamios casi imposibles de domar. Sobre torres tubulares se colocaron los seis artistas.

En danza disfruté mucho con el espectáculo Burnt de la compañía vasca Lasala, que se hizo en el patio del Museo Patio Herreriano. Un ejercicio muy poderoso de lucha angustiosa con el síndrome de burnout que aflige a la sociedad moderna. Ese estar “quemado” con las exigencias estéticas y de éxito de hoy en día. Con coreografía de Judith Argomaniz, en colaboración con los intérpretes Garazi Etxabutu, Ioar Labat y Leire Otamendi, el espectáculo combina la fuerza de la música de tonos techno y trance, con movimientos físicos de enorme fuerza y agresividad. La estética visual, con trajes metalizados, maquillaje fluorescente y una malla-piel, conjuntaron una propuesta muy electrizante. Encantó al público.

El plato fuerte del festival estuvo, de nuevo, a cargo de Transe Express. La compañía francesa repite en Valladolid con una nueva propuesta asombrosa de estructuras imposibles levantadas por una enorme grúa a más de cuarenta metros. Sobre una plaza central iluminada sólo por las estrellas y las luces de los balcones, se levantó una cadena de aros simulando la estructura de ADN. Una cantante de ópera tecno, junto con la percusión de músicos acróbatas, dieron melodía a un espectáculo de un tono inquietante. Transe Express practica lo que ellos llaman el “arte celeste”, espectáculos de enorme dimensión pensados para grandes espacios públicos. La compañía es habitual en los grandes eventos deportivos y en nuestro país la conocimos en las Olimpiadas de Barcelona. Difícil contabilizar cuantas cabezas se elevaban hacia la inmensidad del cielo para observar los imposibles movimientos sobre una estructura frágil que, sin embargo, coge la altura de un rascacielos.

Cierra el TAC con sus habituales premios a mediodía del domingo, aunque los espectáculos continúan en repetición hasta la tarde. Hay de muchos tamaños, aunque la mayoría con propuestas que nos hacen mirar más hacia arriba, como cuando admiramos la elevada monumentalidad de Valladolid. Como cada año (y ya van cuatro), ha sido un gozo y un disfrute acudir al TAC.

La clá

www.lacla.es

Añade aquí tu texto de cabecera

Sign Up to Our Newsletter

Be the first to know the latest updates