Alois und Eurydike. Kabinetttheater, Viena.          

Viena es ciudad de teatros monumentales, de esos que ilustran las páginas de los libros de arte. Está el Teatro Estatal de la Ópera o el Teatro Nacional de Austria. Teatros de corte clásico y neo-renacentista, exponentes del estilo imperial típicamente vienés. En la ciudad conviven el tono grandilocuente con uno más popular, que rezuma el espíritu más local de la ciudad, normalmente apartado de lo que es el centro.

Una de las virtudes del teatro, aparte de lo que allí se representa, es que ofrece una ventanica hacia el público y, por tanto, hacia una representación minúscula de la sociedad. Si cogemos un teatro de barrio, la experiencia se convierte en absoluta, porque ahí acuden los vecinos, los amigos y los habituales de un determinado centro artístico. ¿Cuál puede ser la barrera? En Austria el idioma para quien, como yo, no lo hable. Pero hay alternativas: la ópera casi siempre es en italiano o en alemán, pero incluye subtítulos. En Viena los teatros grandes ofrecen esos mismos subtítulos para ciertas obras de corte dramático. Y luego está el teatro en pequeño formato, que permite captar retazos de lo que se cuenta, sobre todo si es con marionetas.

Para quien ya conozca bien Viena, lo más recomendable es dejarse sorprender por el espíritu bohemio e intelectual que definió a la ciudad más importante de comienzos del siglo XX. En el barrio en que vivió Sigmund Freud (y donde se emplaza su museo), hoy se vive un ambiente fenomenal. En el barrio Servitenviertel del Distrito Noveno, hay coquetos restaurantes, pequeñas tiendas de cosas absurdas y una preciosa iglesia barroca de los Servitas (siglo XVII). ¡Y vieneses! Familias y amigos.

Hay en el barrio dos teatros muy próximos entre sí. El Theatre Center Forum, que tiene una programación parecida a los Teatros Luchana: humor y entretenimiento para un buen rato. Muy próximo a él, en un pasaje entre edificios, se esconde una sala pintoresca. Se trata del Kabinettheater, un teatro fundado en los años ochenta en la ciudad de Graz, y trasladado después a Viena. Es un lugar emblemático para los que disfrutan del arte de las marionetas. Aparece incluso en la enciclopedia oficial de la Unión Internacional de la Marioneta. El Kabinetttheater programa teatro de objetos, de humor y marionetas y fue reconocido por el gobierno austriaco. Julia Reichert regentó el teatro hasta su fallecimiento hace un año. Hoy el equipo continúa su estela.

Entrar por el pasadizo es adentrarse en un pasaje típicamente vienés. A un lado las bicicletas, un garaje y, al fondo, un patio interior rodeade de plantas. Recuerda la entrada a la de la Sala Mirador madrileña. Pasando por una zona comunitaria de viviendas hasta dar con el teatro.

Las entradas del Kabinetttheater se reservan por web y se pagan en efectivo, con un vendedor que guarda el cambio en una caja de caudales. Nada más entrar la gente del público se presenta entre ellos. “Hola, soy Martin”. Parte del encanto es conocer al público. Entrando en la sala se ve al fondo una cocina, donde en invierno sirven cenas y manzanas asadas. El precio es la voluntad. El encanto natural del sitio es esa mezcla de compadreo entre habituales y vecinos, en un ambiente que es mitad el salón de una casa y mitad una sala con un teatro de marionetas.

Los intérpretes son muy amigables. Como una banda de música dispuesta a tocar que antes se reúne y hablan con todos. La obra, me explica una de las actrices, incluye canciones populares y contiene trazas del tradicional buen humor vienés. Al terminar, el público se quedó a tomar otra copa de vino, charlando junto al piano.

La clá

www.lacla.es

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