
La Patética es la obra más autorreferencial del dramaturgo y director de escena Miguel del Arco y se presenta en forma de “vanitas vanitatis”, aquel postulado clásico por el que la vida es recordada como una transición efímera. Del Arco ha recurrido a la concepción plástica del término y su última pieza, La Patética, coge a ratos la apariencia de un cuadro flamenco (de esos que se ilustran con calavera, libros, objetos preciosos y unas perecederas flores).
Pedro Berriel (Israel Elejalde) es un reputado director de orquesta que ensaya la sexta sinfonía de Chaikovski, el afamado compositor del romanticismo. Berriel tiene un diálogo directo con Chaikovski, que se le presenta primero como un compañero imaginado y más tarde como un fantasma de navidades futuras. Jesús Noguero es esa presencia invisible que sirva de conciencia, guía e inspiración para un director que pronto descubrirá que tiene un tumor cerebral incurable. A partir de ese momento, director y fantasma emprenden un viaje iniciático que tiene mucho de presente, pasado y futuro, como en la famosa novela de Charles Dickens. Sólo en el reflejo de su vida podrá el director de orquesta entender el propósito de su arte.
Veo en la obra al menos tres movimientos. El primero es un reflejo sobre el oficio artístico, y más concretamente sobre el suyo propio (director y adaptador), que ha tenido mucho de investigación creativa sobre los clásicos (El misántropo, Hamlet, Teatro Pavón Kamikaze, 2017). El segundo movimiento es más político, en el que aparece el Miguel del Arco batallador (Rigoletto, Teatro Real, 2023 o Jauría, Teatro Pavón Kamikaze, 2019). Habla aquí de la fama, de la homosexualidad y de la relación entre obra artística y compromiso político. Como en su Rigoletto, parece que hay, por parte de del Arco, una actitud de «épater le bourgeois » que aprecio en su necesidad, aunque a ratos caiga en la defensa vehemente. Es donde más descompasada viaja la acción de este músico hacia una Rusia en la que Putin se erige como bastión del autoritarismo. El tercer movimiento se centra en la presencia irremediable de una muerte tenebrosa (¡menuda escena!), que se convierte, con gran imaginación, en un personaje del pasado, y en los recuerdos de un barrio de quinquis ochenteros. La reflexión final es de enorme belleza. Me la apropio, a partir de ahora, como credo: “después de la muerte habrá música”.

Del texto sobresale una indagación artística de del Arco sobre la relación de la obra y su ejecución. Miguel del Arco, al igual que su ficticio director de orquesta, es un ejecutante que se adentra en creaciones previas como un gran descubridor. La misma pieza puede tener, ejecutada, una diferencia de tiempo, como ocurre en la interpretación de la sinfonía La patética, cuando se interpreta bajo mando de distintas batutas. En este montaje teatral, de compleja ejecución (menudo trabajo le ha dado al elenco), del Arco demuestra que está en plenitud artística. Los actores bailan entre ellos, crean grupos de esculturas vivientes, ocupan los espacios verticales, horizontales y periféricos, en una elevadísima sincronía plástica e interpretativa. Es, además, un gran facilitador de actores, de quienes saca siempre lo mejor.

A Israel Elejalde le pone el difícil trabajo de hacer de su alter ego. Un atormentado músico que se bate con muchos molinos: con Chaikovski, con el critico musical, con su familia, con su homosexualidad y compromiso político y, claro que sí, consigo mismo. Sólo Elejalde puede llevar a escena tanto tormento resultando natural. Consigue en su interpretación ser, verdaderamente, patético, pero no en el sentido de “penoso o ridículo”. Hace una interpretación entregada en un trabajo que se intuye exigente. Jesús Noguero en su papel de espíritu burlón, le da un toque juguetón a esa relación entre artista y obra, entre creadores separados en el tiempo. Hay mucha ligazón entre ambos actores, que ya trabajaron juntos (Ensayo, Teatro Pavón Kamikaze, 2017).
Paro en Francisco Reyes (Los mariachis, El tratamiento) que hace de crítico y médico, y que, como es habitual en él, se mete al público en el bolsillo. Tiene un carisma cómico propio tan elevado que es imposible no rendirse ante él. Se le echa en falta algo hacia mitad de la obra.

Debo confesar que me sorprende el ataque dramático hacia el crítico engolado. Crítica hacia el crítico que también han realizado otros dramaturgos recientemente, como Angélica Liddell en Dämon, o Juan Mayorga en El crítico. “Las malas críticas hay que leerlas siempre sentado en el váter”, dice uno de los personajes de La patética. Digo que me sorprende porque creo que la labor del crítico ha perdido mucho en relevancia y que la crítica ya no es para tanto. En todo caso en La Patética, su presencia tiene que ver también con esa vanidad del creador hacia los adornos externos.
El resto del elenco dobla y triplica papeles, de nuevo en un movimiento continuo. Jimmy Castro es el marido del compositor. Inma Cuevas está, como Reyes, muy cautivadora y graciosa. Manuel Pico divierte especialmente en la escena de Montaigne. Y Juan Paños está pidiendo a gritos una obra con mayor protagonismo. ¡Qué salto pasar de Putin, al padre y al chaval de barrio!.
Termina esta crónica, simplemente, babeando con el trabajo de iluminación y escenografía. De nuevo, mérito de Miguel del Arco, que coloca siempre la parte visual como prioridad absoluta. Movimiento, modernidad, luces y escenografía, son impronta propia. Vuelven a trabajar juntos el escenógrafo Paco Azorín, habitual de la ópera, y Miguel del Arco. Lo hicieron ya en Refugio (CDN, 2017). La escenografía de La Patética es una proeza técnica y visual. Un estudio de grabación del que salen escaleras, y un poliedro que sube y baja convirtiéndose en tren, en friso, en mesa de operaciones… La iluminación es de otro grande, David Picazo. Las escenas hospitalarias o la de la muerte queriendo atrapar a Elejalde son un acierto visual. Y a destacar también el trabajo de vestuario de Ana Garay.

Se notaba en el patio de butacas que había muchas ganas de ver la máxima expresión de una producción kamikaze, con Miguel del Arco a la cabeza. La patética agotará (si no lo ha hecho ya) entradas, demostrando por qué son merecedores del cetro escénico en la manufactura teatral.
La clá
www.lacla.es
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La Patética.
- Categoría : Dramaturgia Contemporánea
- Duración : 120 minutos
- Fotografía: Bárbara Sánchez Palomero
- Fechas: 8 mayo al 22 junio 2025
- Teatro : Teatro Valle Inclán
Manufactura kamikaze, La patética.
Description
Pura manufactura kamikaze con un lujo de escenografía, gran dirección y texto de Miguel del Arco.Israel Elejalde se bate con varios molinos.

