L´Home de Teatre. Heartbreak Hotel, Barcelona.

El actor Andreu Benito y el director de escena Àlex Rigola se conocen bien después de años y producciones en común. Benito es un tótem escénico en Cataluña. De aspecto contundente tiene una voz y una presencia atronadoras, de esas que pliegan al público. Su talento es, sin embargo, dúctil, y es capaz de ser un cínico profesor universitario en Marits i Mullers (La Villaroel, 2015), o un perverso pederasta en la estremecedora L´Inframón (Teatre Lliure, 2016). En su última colaboración con Rigola, representa a un actor misántropo, crítico y desencantado con la vida y con el teatro. En una pieza que es casi un monólogo, Benito se presta a ejecutar un ejercicio escénico que es una vuelta a los orígenes interpretativos.

La pieza es L´Home de Teatre (El hombre de teatro), texto escrito en 1985 por el novelista y dramaturgo austriaco Thomas Bernhard (1931-1989) y adaptado y recortado aquí por Rigola. El protagonista es una vieja gloria teatral que se enfrenta a una producción sobre Napoleón, Churchill y su mujer, en una pequeña sala teatral (la que ocupa el espectáculo), odiosamente reducida frente a los grandes escenarios que el actor ha ocupado. Rigola juega con Benito a mezclar su trayectoria profesional con la propia del protagonista. Un actor que ha trabajado en el Teatre Lliure, en el TNC, en plazas como Madrid, ahora relegado aquí, a esta pequeña sala que es el Heartbreak Hotel. Diferenciar los elementos de realidad (la plaza, el “paki”, la sala…) de los de ficción es como separar la paja del heno en esta propuesta que mezcla incisivamente vida y ficción, realidad y representación. Tal es el grado de mimetismo que cuando sonó un móvil (¡ay!) o una mujer del público comenzó a toser sin pudor, Andreu Benito se prestó, sin desaires, a continuar el rol, incorporando los incidentes como gajes de su parlamento.

El trabajo conjunto de Rigola y Benito ahonda en la tristura de la obra de Bernhard, un austriaco cuyo crecimiento artístico se desarrolla en Austria, un país de un hondo patriotismo e indisolublemente ligado al nacionalsocialismo. La versión de Rigola gira en torno a tres elementos principales del texto: el oficio artístico, el teatro como creación propia de la realidad y la identidad nacional (representada en referencias a Pujol, la senyera, Rafael Casanova y Franco). Rigola opta por un espectáculo sobrio, que deja a un lado los elementos grotescos de la pieza original y que otras compañías, como la alemana Berliner Ensemble, sí han enfatizado en montajes recientes.

En esta producción sólo hace falta la pesadumbre reflejada en los ojos de Andreu Benito para entender la desolación del actor. Benito se detiene a mirar al público, se desespera frente a su hijo Àlex Fons y al operador de sala y actor Marwan Sabri. Esperan al operario de seguridad (un Godot que no llega, y que está de butifarrada), para que les permita gestionar unas señales de emergencia.

Es imposible no conmoverse con la desolación total que muestra Andreu Benito, y sentir al mismo tiempo el extraño poder que le mantiene aferrado al oficio de intérprete. Un compromiso en forma de resistencia, y que se bate con las exigencias administrativas, como las condiciones de una pequeña sala que ha necesitado de instalaciones inverosímiles para obtener la licencia.

La obra no es una producción más de Àlex Rigola, es un manifiesto escénico para la inauguración de Heartbreak Hotel, su sala en Barcelona. Rigola lleva tiempo aventurándose en el cruce de realidad y ficción. Estuve en aquel ensayo general de Un enemigo del pueblo en el Pavón Teatro Kamikaze (2018) en el que nos quedamos sin representación a fuerza de respetar el voto de la mayoría de público. Dos años después, en el Teatro de la Abadía, los actores de La Gaviota compartían como intérpretes los pensamientos de sus personajes. Se seguía rompiendo esa separación entre público y actor, fusionándose lo real con lo inventado. La sala del Heartbreak Hotel es un espacio reducido con un aforo de 72 personas que se abre a una plaza de aspecto neorrealista en la Plaza de la Olivereta. Preside la plaza una enorme chimenea que pertenecía a la antigua fábrica textil Manufacturas Serra Balet, S.A..

La propuesta no sólo intenta conectar creación con público en un espacio brookiano, casi vacío. Su localización en pleno barrio de Sants-Badal, alejada del circuito teatral, es una toma de postura clara. El teatro enclavado en un barrio, mezclándose con él, con el propósito de dinamizarse mutuamente. Saliendo del teatro, en los comercios del barrio (bares, farmacia, etc), se ven carteles pegados con celo de la pieza interpretada por el maestro Andreu Benito. Se abre un teatro, una hada despierta.

La clá

www.lacla.es

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Heartbreak Hotel, Barcelona.

https://www.heartbreakhotel.cat/

Imágenes cortesía de Heartbreak Hotel.

Duración: 65 minutos aproximadamente. Espectáculo en catalán.

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