
Hace un año los proclamados enfants terribles del arte escénico, Nao Albet y Marcel Borràs (Mammon, Atraco, Paliza y Muerte en Agbanäspach), presentaban en el Centro de Creación Contemporánea de Matadero una obra autobiográfica en la que anunciaban su separación y la composición de su última obra, una ópera que sería símbolo de su máxima decadencia. Como creadores escénicos de éxito, y además catalanes, se mofaban de la tendencia de la vanguardia catalana de recalar en la ópera (a nadie se le escapó ese apuntar con el dedo a La fura dels baus) como símbolo barroco de la vanitas vanitatis. La ópera nos la presentaron poco menos que como un cementerio de ballenas, pero a la vez, como oportunidad única de mercantilizarse y marcarse giras internacionales en lugares recónditos.
Los que seguimos a Nao Albet y Marcel Borràs sabemos que son unos timadores profesionales, unos seguidores adeptos del arte como artificio, y a la vez como verdad. Son muchos sus referentes, pero en eso de engatusar al público, son como el Orson Welles de la invasión extraterrestre o de aquella stravaganzza fílmica que es F for Fake.
Por eso cuando decían que se iban a separar, nos clavaron una mentirijilla, pero en eso de la ópera parece que decían la verdad, porque los muy genios han conseguido, en coproducción de Teatros del Canal, Teatro Real, Teatre Lliure y Gran Teatro del Liceo, montar una composición operística de nuevo estreno que se suma al opus operístico contemporáneo.
La construcción del héroe es el eje central en torno al cual Albet y Borràs han planteado su subversiva historia operística. Y si se trata de deformar el género operístico hasta sus máximas consecuencias, hay que tirar de Wagner y de sus tetralogías, para deleitarse con esas historias germanas de trama imposible y música grandiosa. La composición es de Fernando Velázquez, que ha sabido recoger el envite de imitar tonalidades wagnerianas en gran parte de la obra, y algunas de barroco italianizante, más cercanas a Mozart.
Aquí, en “Los estunmen”, el héroe es en realidad una mujer que emprende un viaje vengador tras descubrir que su hijo adolescente ha asesinado brutalmente a varias personas. Ella es Evangelina, una mujer que como Uma Thurman en Kill Bill buscará acabar con todos aquellos que tuvieran algo que ver con la incitación de su hijo hacia el asesinato. Su viaje tendrá cuatro etapas de autoconocimiento: la prudencia, la fuerza, la inteligencia y la justicia. Albet y Borràs se presentarán como poetas trágicos, con manto y corona de laurel, dos colgados como Virgilio y Ovidio. Lanzarán, de cuando en cuando, la acción y traerán reflexiones de cierta profundidad, como los peligros del arte más refinado y abstracto, que tiende siempre a la violencia. “Escribir poesía es un acto de barbarie”, insisten en decir estos dos personajillos, citando al azar a distintos intelectuales.

Hay en la ópera otra subtrama, la de los “stuntman” (o estunmen, españolizado), que son los especialistas de cine, a los que Tarantino rindió homenaje en su película Érase una vez…Hollywood, por la que Brad Pitt se llevó el Oscar. En una de sus habituales genialidades, Albet y Borràs han incorporado a la ópera a un elenco de reconocidos especialistas de cine de nuestro país, esos que dan saltos, reciben mamporros o son quemados a lo bonzo en franquicias americanas. Y juegan durante toda la función a presentarnos personajes desdoblados que son actores, acompañados de especialistas, o incluso sopranos o tenores. En su habitual juego de espejos y de realidades superpuestas, los catalanes nos cuestionan, ¿quién es el verdadero artista aquí? ¿el que canta, el que actúa o el que se da un salto mortal?… Está claro que lo son todos.
Finalmente, planeando sobre toda la historia, está Tarantino, el ídolo de estos dos artistas escénicos que llega incluso a aparecerse en batín. Albet y Borràs son dos diablos de Tasmania a nivel escénico, sus escenarios, al igual que las escenas fílmicas del cineasta americano, deben acabar hechos trizas a fuerza de soltar mamporros, disparos y escupir sangre. Ellos cogen un rider técnico (la hoja de capacidades técnicas de un recinto teatral), no como un documento posibilista, sino como una nevera repleta puesta a su completa disposición. Por eso, cuanto más sofisticado sea a nivel técnico un teatro, más disfrutaremos con su arte. En Los Estunmen vemos saltos imposibles, constantes caídas en croqueta por largas escaleras, fuego, puñetazos y disparos. Igual que para su idolatrado Tarantino, un cartel de calificación de edades del tipo “violencia extrema, lenguaje vulgar, consumo de drogas y contenido sexual”, es para ellos un mantra estético, más que una advertencia para el espectador. Si consiguen traer todo eso a escena, habrán cumplido su misión tarantiniana.

En su conjunto Los Estunmen funciona gracias a la fuerza de muchas de sus escenas, pero le falta mayor compresión en la trama, y pide desbroce en algunos pasajes. Admiro enormemente esa capacidad revoltosa de jugar con todo lo que tienen a su alcance, y sus producciones son una delicia visual. A esta ópera le sobran agallas y le falta ligazón, pero qué disfrute de trabajo técnico, de perfección coreografiada, de entrega de artistas (actores, cantantes y stuntman). La escena de arranque en la que un chaval a golpe de beatbox masacra una comisaría es de matrícula de honor escénica, sobrecogedora. Termino con una oda al escenario creado por un escenógrafo, Max Glaenzel (La mort i la primavera, Personas, lugares y cosas), que es un artista versado en ópera y que aquí crea un desalentador escenario gris que se cierra ingeniosamente en habitáculos y que permite a los dos diablos de Tasmania hacer de las suyas.
La clá
www.lacla.es
- Categoría : Ópera
- Duración : 1 hora y 50 minutos (sin intermedio)
- Libreto y dirección : Nao Albet y Marcel Borràs
- Escenografía : Max Glaenzel
- Música : Fernando Velázquez, Joven Orquesta Nacional de España
- Teatro : Teatros del Canal
- Intérpretes : Óscar Dorta, Carlos Robles, Óscar Pérez, Nao Albet, Marcel Borràs, Núria Lloansi, Marc Padró, Mael Borràs-Clotet, Cadmi Albet-Tamarit
- Fotografía: Javier del Real

