The Importance of Being Earnest. Noël Coward Theatre. Londres.

Hay papeles en piezas de teatro clásicas, como ésta de Oscar Wilde, que son icónicos. No necesariamente tienen el rol protagonista, pero digamos que generan cierta expectación sobre quién y cómo desempañará el rol. En “La importancia de llamarse Ernesto” el papel central es, curiosamente, un secundario: el de Lady Bracknell. En la versión cinematográfica de 1952 Dame Edith Mary Evans deleitó con una señora Bracknell cuyo acento era casi tan estrambótico y sobreactuado como el sombrero que lucía. Otras grandes damas como Judi Dench o Maggie Smith interpretaron el personaje.

Arrasando en el West End londinense está esta reciente versión exportada del National Theatre. Tiene a una Lady Bracknell formidable, nada más ni nada menos que el actor y cómico Stephen Fry. Imagínense a un tipo grandullón, con una voz atronadora y un sentido del humor inabarcable. Y vestido con una exuberante vestimenta de época con sobrero imposible. El resultado está muy cercano al género de la “pantomima” (pantomime), que es un burlesco habitual en época navideña.

Más allá del placer de ver a Stephen Fry, la producción es sobresaliente en muchos aspectos. La producción original fue un exitazo en la temporada pasada en el National Theatre, y rompió moldes por crear una versión del clásico victoriano con un elenco mayoritario de actores negros. Para el West End no han podido repetir la propuesta, al parecer muchos actores tenían compromisos profesionales, así que hay sobre las tablas algo muy habitual en las producciones teatrales inglesas: mezcla de etnicidades.

La dirección corre a cargo de un aclamado director, Max Webster (habitual en sus modernizaciones de Shakespeare). Webster ha creado aquí una pieza chispeante, llena de vitalidad, con la pulpa del clásico de Oscar Wilde. Aquí, todos los elementos juegan a favor del chispeo. Una escenografía y un vestuario colorido a cargo de la artista Rae Smith, que ha sabido sacarle vitalidad a la pieza. La escenificación ha jugado a subrayar los guiños victorianos de Wilde. El novelista y dramaturgo inglés tenía una pluma cincelada que escondía dobles sentidos. Ese travestismo del lenguaje se pone en escena con hombres que interpretan mujeres, mujeres que se enamoran entre ellas, hombres que también juegan a escarceos. Mucho subrayado cómico, que refuerza ese tono caricaturesco de la pantomima.

Voy con mi especial enamoramiento en esta pieza, y vaya por delante que de Stephen Fry el enamoramiento viene de largo, así que ni cuenta porque es amor consolidado. De entrada, el papel de Algernon Moncrieff (el protagonista de esta historia) es para el cantante, artista y actor Olly Alexander. Conocidísimo en Reino Unido, representó al país en Eurovision. Olly tiene un carisma que se come todo el graderío, y ese Algernon cínico, juguetón, peligroso y bunburiano le va como un guante. La obra es pura modernidad del siglo XXI aplicada al XIX gracias a ese toque tan electrizante que le da Olly Alexander. Tengo más flechazos en esta pieza, pero destaco el mayordomo creado por una actriz de campeonato, Hayley Carmichael. Tiene dos papeles, un primer mayordomo con tono estirado (stiff), que es muy compuesto. La genialidad viene con la antigualla del segundo mayordomo, que no se sabe qué le tiene más apurado, si su despiste o su vejez. Un payaso absoluto creado con mucho gesto y mímica, que es de quitarse el sombrero.

La producción está arrasando en el West End, con un tono burlón y de jolgorio que hace las delicias del público. La primera parte es, sin duda, la más compacta (a excepción de ese mayordomo de la segunda parte que es una creación artística en sí), pero el conjunto es una gozada de ver. Diversión, buen rollo, tono de modernidad y un magnético Olly Alexander.

La clá

www.lacla.es

*

The importance of being Earnest.

Imágenes de Marc Brenner.

Sign Up to Our Newsletter

Be the first to know the latest updates