
Segunda Parte: La Llegada al Teatro y la Post-Función.
El teatro en Londres es una verdadera fábrica que atrae a miles de turistas. La escena londinense se desarrolla en varios planos. Está la industria de musicales dirigida al visitante extranjero o de fuera de la metrópoli, y luego hay una cartelera orientada para un público más amplio, que mezcla al local y al foráneo.
Acudir a un teatro es meterse en las entrañas del lugar que se visita, sobre todo si la obra es un montaje escénico dramático. El teatro nos habla de política y de problemas sociales, incluso cuando se reinterpretan los clásicos. Y sentarse en una butaca en el tiempo previo al inicio de la función, es un balcón al público local.
Ir al teatro en Londres es fácil porque hay una oferta muy variada, pero conviene conocer las costumbres y no meter la pata comprando entradas carísimas en un portal no oficial de entradas.
Esta segunda parte está dedicada a la experiencia teatral.
La llegada al teatro.
Cuidado con Londres que es ciudad traicionera, incluso en las distancias cortas. Recomiendo salir hacia el teatro con al menos una hora de antelación. El metro raramente es directo y los autobuses, aunque son un excelente medio de transporte, sufren los atascos propios de una ciudad congestionada.
Recuerden que la entrada cuesta un pico, así que mejor no arriesgar y llegar a la hora.
En cuanto a la etiqueta, la globalización ha hecho de las suyas y todo el mundo suele ir vestido informal. Mi consejo siempre es ir bien aseado, y no asfixiado después de un largo día de turismo. Se trata de prepararse para el rito, como quien tiene una cita importante.
Las normas de admisión.

Es habitual recibir unos días antes un email del teatro recordando la próxima cita teatral. En ese correo se añaden unas sencillas normas de comportamiento y, de nuevo, alguna cuña publicitaria sobre los bares o restaurantes de alrededor.
Las producciones londinenses incluyen advertencia sobre contenido violento o sexo y también suelen recordarlo en los correos electrónicos previos a la cita.
Un dato curioso. Normalmente los teatros permiten la entrada aún cuando se llegue tarde. Habrá que esperar unos diez minutos, e ir acompañado de un joven acomodador con pinganillo.
El programa de mano se compra.

Las buenas noticias es que hay programa de mano, costumbre que la pandemia parece haber finiquitado en muchos de nuestros teatros. Desde aquí imploro que se recupere la reedición impresa y no ese frío pdf. o QR que muchos imprimimos en un acto de viejo romanticismo.
En Londres el programa de mano suele incluir una edición de varias páginas que, por supuesto, incluye publicidad de restaurantes o marcas de bebidas. Parecería que este ingreso extra serviría para financiar su edición, pero los teatros cobran por el programa. Entre 8 y 10 libras.
Por ese precio se echa en falta un contenido de mayor calidad, con artículos de académicos o imágenes de archivos históricos (la Fundación March edita maravillosos programas de mano gratuitos para sus espectáculos en vivo). En todo caso, soy una enamorada del programa de mano del que echo mano incluso pasado el tiempo, así que me gasto siempre los cuartos en adquirirlo.
Comida y bebida.

Si hay una costumbre teatral británica que detesto, es el consumo de bebida y comida durante la obra teatral. Los teatros venden chocolates, helados, patatas y litros de alcohol. Como si fuera un espectáculo de cabaret.
Aquí reivindico la sobriedad castellana, el páramo de consumo que es la butaca patria, donde estoicamente aguantamos un par de horas sin comer ni beber. Es un acto de una elegancia y estoicidad suprema.
En Londres tendrán que aguantar el aliento de vino barato de su compadre de butaca, o los hielos del whiscazo. Luego se quejan del comportamiento, vean a continuación.
El público.

En los últimos meses se ha levantado una agria polémica en torno al comportamiento del público en los teatros de Gran Bretaña. No se trata sólo de una pantalla con luz, un móvil que suena o un caramelo con envoltorio. Es mucho más serio. Gritos, bailes e incluso improperios hacia el personal de sala.
Me permitirán que sea conservadora en este aspecto. El teatro es un acto colectivo, pero tiene mucho de rito y de comunión con los artistas. Si se crea un ambiente de bar, con bebidas y snacks, el público se comporta como en un bar. Por eso creo que las cervezas son para el stand-up comedy, y para el resto de los espectáculos teatrales un par de dulces horas sin comer ni beber son lo más apropiado.
Para conocer más sobre el lamentable comportamiento del público británico, les recomiendo seguir la polémica en el periódico The Guardian, con el testimonio de una acomodadora y la opinión más ecuánime de la crítica teatral Arifa Akbar.
Me quedo con el comportamiento civilizado, y aprovecho para invitar a releer el Manual del Buen Espectador que se publicó aquí en La clá.
Entreacto o visite nuestro bar.

En las duraciones de obras artísticas hay modas. Ahora las pelis de Hollywood tienen que durar entre dos horas y media y tres, y en España lo normal es que una obra teatral no pase de dos horas seguidas. Cada vez son más raros los entreactos.
Todo lo contrario que en Londres, donde el entreacto es la regla y no la excepción. Me permitirán la maldad, pero creo que el entreacto es parte del afán consumista, y es más una invitación a la compra de bebidas y helados.
La visita al foyer es casi obligada. Ahí se abalanza el público local, y es divertido ver la cara de satisfacción de los espectadores ingleses saboreando un vino, que ni con Casera se haría degustable. Pero el foyer es una ocasión única para mezclarse y poner oreja en conversaciones ajenas. Lo malo es que la copa que no se han terminado luego se la llevan a la butaca.
Los aplausos (y los agradecimientos).
El público madrileño es especialmente agradecido. A veces pienso que en exceso. No hay obra últimamente donde no se levanten algunas personas a aplaudir. Que la calidad de nuestra escena es alta, lo sabemos, pero la ovación debe ser comedida.
En Londres los aplausos son generosos, no tanto las ovaciones. Y la salida a saludar del elenco suele ser, en cambio, contenida. No más de dos saludos.
La salida de actores.

De nuevo, brindo por la austeridad de nuestras tradiciones. Nos falta fetichismo y cultura pop, lo que hace que, terminada la función, el público madrileño o barcelonés normalmente se disperse a la media hora de terminado el espectáculo.
En Londres, sin embargo, se lleva mucho el colocarse en la parte trasera del teatro, justo en la puerta de personal (la salida de actores), a la salida de la representación. El objetivo: cazar un autógrafo para el programa de mano. Hay hasta un segurata que ordena el tráfico de las masas enfervorecidas.
Confieso que sólo lo he hecho una vez, y casi por casualidad. Pillé primera fila para conseguir el autógrafo de Ian McKellen y en esa espera me hice colega de varias personas. La mayoría eran espectadores de fuera de Londres, habituales consiguiendo autógrafos. Conseguí el autógrafo de McKellen e incluso le alabé un Lear de hace varios años. Me lo agradeció, intuyo que porque se esperaba un comentario sobre su Gandalf cinematográfico.
Redes Sociales.
Aquí los espectadores nos parecemos mucho. Es habitual leer impresiones teatrales en Twitter e Instagram al terminar la función. Los artistas en España quizá sean más cercanos y agradecidos y se puede decir por las redes se crea una verdadera comunidad teatral. En Londres casi todos los actores tienen redes sociales, pero son menos interactivos con el público.
Recuerden…
Ver una obra en otro idioma exige un ejercicio extra. Recomiendo, siempre que se pueda, leer la trama, la crítica, los pasajes conocidos y, mejor aún, la obra original.
Aprecien el teatro que se monta en España porque su calidad está a la misma altura que la del teatro londinense, con muchos menos medios. Y sobre todo aprecien el precio de las entradas que son asequibles para cualquiera.
Y si no pueden ir al teatro en Londres, permítanme que les recomiende un género híbrido que es el teatro grabado. Cada vez se oferta más en plataformas y en cines, y es una forma estupenda de ver cómo el teatro evoluciona al otro lado del canal.
La clá
www.lacla.es

