
Con Claudio Tolcachir (Buenos Aires, 1975) muchos aprendimos a amar el teatro. De Buenos Aires nos trajo aquel pedacito de ingenio renovador que fue La omisión de la familia Coleman, que puso verse en 2009 en el Teatro Español. El montaje tuvo la épica de girar durante años y de volver incluso años después a Madrid. Un año después, en 2010, Tolcachir montó un espectáculo clásico de esos que se veían habitualmente en el Teatro Español. Un drama americano de posguerra, con impresionante escenografía y elenco de primer nivel. El resultado: un montaje sólido como granito.
Claudio Tolcachir también nos hizo descubrir a algunos la fortaleza escénica de una actriz fenomenal: Gloria Muñoz. Ella fue su madre de familia en el drama de Miller, y también la asistenta de Emilia, en producción que montó en los Teatros del Canal en 2014.
En 2020, con la pandemia golpeando las tablas de todos los escenarios, la compañía argentina TIMBRe4, fundada por Tolcachir, mantuvo su vínculo digital con los espectadores, en alianza con el festival Temporada Alta de Gerona.
En este recorrido, y pese a que Claudio Tolcachir mantiene su conexión con Madrid, hacía muchos años que no se le veía a él mismo, sobre las tablas. Juan Mayorga, director artístico del Teatro La Abadía, le dio el empujón para que fuera él quien interpretase la versión de Rabia, el texto adaptado sobre la novela del también argentino Sergio Bizzio (Buenos Aires, 1956).
El montaje es de una sobriedad que acompaña, estéticamente, el planteamiento sobre la novela de Bizzio. Claudio Tolcachir es, durante la hora y media de función, absolutamente todo en la novela de Brizzio. Es las escaleras, la buhardilla, es José María y la rata, es Rosa, y la señora de la casa. En definitiva, es el relato entero.
Claudio Tolcachir tiene la madurez absoluta para retornar a la base, para que su trayectoria profesional le haya llevado a los más sencillo. Y lo más básico de todo es un escenario casi desnudo, a salvo de una escalera, con un personaje vestido totalmente de gris, para que nada en él sombree el relato que va a compartir.
La historia de Rabia tiene el clasicismo de un relato de Edgar Allan Poe y el tenebrismo de Emily Brontë. Es un cuento de terror de una pareja separada por un asesinato. Ella es el ama de una casa burguesa. Él es un obrero. Su destino está predeterminado por su condición social. Les separa una enorme escalera que va de la planta baja al ático, donde él, José María, se esconde.
Claudio Tolcachir propone una vuelta al teatro primigenio, el de la narración oral. Y escuchándole en vivo, el espectador no puede hacer otra cosa que recostarse y escuchar. Las palabras de Tolcachir tienen el raro efecto de convertirse en nuestra mente en párrafos de una novela. Escuchamos y vemos a Tolcachir, pero en realidad nuestra mente crea las imágenes. Se produce una extraña transmutación por la que la voz de Tolcachir va volando por nuestra cabeza, mientras vemos a José María y Rosa tomando forma en nuestra imaginación.
Con dirección de Claudio Tolcachir y Lautaro Perotti, la inteligente iluminación del siempre talentoso Juan Gómez Cornejo y una escenografía de Emilio Valenzuela que sólo necesita de una escalera, se produce la magia que produce el cuento contado cuando éramos niños en la cama. Hay que tener mucho teatro encima para depurar un relato tan puro, y tan intenso. Para ofrecer un espectáculo que atrapa por su sencillez, por la maestría de sus creadores y por un actor fabuloso.
La clá
www.lacla.es
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Teatro Abadía
www.teatroabadia.com
Fotografía, Lucía Romero, cortesía del equipo de prensa del Teatro La Abadía.
Duración aproximada: 90 minutos.

