King Lear. Wyndham´s Theatre, Londres.

KING LEAR by Shakespeare, , Director – Kenneth Branagh, Set and Costume Design – Jon Bausor, Projection – Nina Dunn, Lighting Design – Paul Keogan, Choreography – Aletta Collins, Fight Director – Bret Yount, The Kenneth Branagh Company, 2023, Credit: Johan Persson/

El anuncio de que Kenneth Branagh (Belfast, 1960) volvería a pisar las tablas londinenses con un Shakespeare corrió como la pólvora en verano. Lo haría en un escenario del West End, en el Wyndham´s Theatre, del grupo Delfton Mackintosh. Branagh forma parte del olimpo de lo que se ha venido en llamar los “actores shakesperianos”. En su caso, ha destacado por su capacidad de actualizar y traer a un mundo más actual los dramas del poeta inglés. Son memorables sus adaptaciones cinematográficas, en especial Mucho ruido y pocas nueces (1993), en la que se atrevió a mezclar actores de distintos orígenes y pronunciaciones.

Educado en RADA, es decir en la prestigiosa Royal Academy of Dramatic Art, Branagh, pese a ser irlandés, supo desarrollar una notoria dicción para recitar el verso shakesperiano. Su matrimonio con Emma Thompson, una de las actrices más talentosas del panorama inglés, llevó a los dos intérpretes a ser apodados los nuevos Olivier, en referencia al matrimonio de Laurence Olivier y Vivien Leigh. En los años noventa, los medios de la época estaban extasiados con el epítome del matrimonio artístico: guapos, carismáticos y talentosísimos. Luego vino la ruptura, pero cada uno ha sabido desarrollar una carrera elogiadísima, siempre a medio camino entra la escena y la pantalla.

Lear es uno de los grandes papeles para cualquier actor shakesperiano, y Brannagh forma parte de ese olimpo (formado por Olivier, Leigh, Gielgud, Richardson, McKellen, Dench…) que ha sido distinguido con la virtud de ser una noble representación de la obra del dramaturgo inglés. El papel del decrépito rey es un rol complejo al que se ha dicho muchas veces que es necesario llegar no sólo con enormes capacidades actorales, sino con un bagaje vital a las espaldas. El propio Laurence Olivier lo dijo en sus memorias Confesiones de un actor. Un joven puede impostar la majadería y los ademanes del viejo rey, pero un actor anciano los comprende.

Brannagh tiene el dudoso honor de dirigir e interpretar este Rey Lear del siglo XXI. Dudoso, porque la interpretación muestra, sólo a ratos, su magisterio como actor. Lo que no se salva en ningún caso es una pésima dirección y una horripilante propuesta artística. Hay una especie de convención no escrita por la que cualquier actor que encare el gran papel senil debe traer algo nuevo al rol. En esta producción Kenneth Brannagh ha apostado por colocar el drama de un reino dividido en una Inglaterra neolítica. El escenario es una especie de páramo con rocas ancestrales que recuerdan a Stoneheng. Los protagonistas van vestidos con pieles y harapos, bastón en mando. El pelo rojizo de Brannagh hace recordar, por momentos, a los habitantes del Norte, los que viven pasado el muro en Juego de Tronos. El conjunto es esperpéntico.

La obra de Shakespeare se reduce a dos horas, con un principio algo más entretenido que lo que vendrá después. Brannagh interpreta a un rey hiper enérgico, más cercano a un comandante de batalla que a una figura regia. Su perfecta dicción, en la que las “erres” quedan subrayadas continuamente, choca de lleno con el acento del resto de actores, más pegados a un acento más contemporáneo. El contraste es una pieza disonante, en la que pocos brillan, y los que lo consiguen, sólo pueden hacerlo a ratos. Deborah Alli y Melanie JoyceBermúdez desmerecen el rol de las hijas traidoras, y sólo saben aportar un gesto ceñudo y una barbilla altiva. Coree Mylchreest peca de soberbia actoral en un Edmund que busca desesperadamente la atención del público.

En el espectro intermedio, Doug Colling parece ser el único verdaderamente entregado a la acción dramática en su papel de Edgar. A Joseph Kloska, uno de los más veteranos en lides shakesperianas, se le intuye un Gloucester al que podría haber sacado más provecho en otra producción.

Interés verdadero despiertan las interpretaciones de Eleanor de Rohan en su rol de Kent, y el de Jessica Revel como bufón. Brannagh destaca en algún momento, y aporta algo en la escena estremecedora de la muerte de Cordelia, con un grito de dolor mudo a la manera del cómico español Ignatius, y no lo digo con sorna. Creo que el grito del cómico español se mueve casi en el terreno de la performance para representar el dolor de este mundo. Lo malo de esta escena conclusiva de Lear es que, para llegar a ese momento de pérdida absoluta, antes hay que haber recorrido un camino de conversión que esta producción ha obviado con displicencia, a base de recortes del texto original.

Queda así probado que no se puede dejar a un gran actor el andamiaje de toda una obra. Una producción teatral es un trabajo colectivo que requiere de muchas aportaciones para crear un conjunto de altura. Las espaldas de este último Lear de Kenneth Brannagh no tienen suficiente hechura para aguantar una versión populachera de una obra que merece mayor respeto. Parece que el teatro del West End (por cierto, con horrible sonido de fondo con máquina de aire) ha sucumbido a un Lear hecho para gusto de turistas americanos y matrimonios sexuagenarios.

Lo único digno de mención fue la presencia de una gran Dama, Judi Dench, entre el público. Dench ha sido una enorme intérprete shakespeariana, y ha dirigido a Brannagh en más de una ocasión (entre ellas, en Look back in Anger).

La clá

www.lacla.es

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King Lear. Wyndham´s Theatre, Londres.

https://www.wyndhamstheatre.co.uk/

Duración aproximada: 2 horas, sin intervalo.

Imágenes de Johan Persson cortesía de Delfton Mackintosh Theatres.

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