Los de ahí. Teatro María Guerrero.

El director del Centro Dramático Nacional, Alfredo Sanzol, pidió al dramaturgo Claudio Tolcachir que escribiese una obra para el escenario del Teatro María Guerrero. Sanzol es dramaturgo y entiende las tablas del centro creativo teatral como un espacio también para la nueva dramaturgia. El argentino Tolcachir tomó la invitación y ahora estrena “Los de ahí”, un título algo plano para una obra que es, sin embargo, muy rica en matices. Claudio Tolcachir es un excelso director teatral, como demostró al público madrileño, con obras como Todos eran mis hijos (2010). Es un artista teatral absoluto: dirige, enseña, interpreta. También escribe. Dos son obras suyas de éxito rotundo en Argentina, también en nuestro país:  La omisión de la familia Coleman (2009) y Emilia (2014).

Son extraordinarias noticias que su imaginación y su escritura se hayan puesto manos a la obra con el encargo de Sanzol. El resultado es un drama (contado en tono de comedia) en torno a la migración y los empleos bazofia. En concreto con el foco puesto en los “riders”, ciclistas que por un puñado de euros tienen que recorrer media ciudad llevando un paquete a casa. Tolcachir parece escribir con una malla 3D en la cabeza, imaginando el sonido de sus palabras y la puesta en escena.

Veo en la montaña de escombros en la que reposan los riders mucho existencialismo beckettiano de mediados del siglo XX. Un lugar que es ninguna parte y que tampoco se sitúa durante el transcurso de la historia. Tolcachir ha querido contrastar las realidades cercanas que nos rodean en las sociedades acomodadas, con un espacio que puede ser cualquier ciudad europea. Ha inventado incluso un idioma que puede ser un idioma nórdico o centro europeo, lo mismo da, porque es una construcción abstracta. El efecto deseado y sutil es empatizar con unos protagonistas, migrantes de origen latino, que se instalan en una ciudad que confían sea menos peligrosa. Se les nota las muchas vueltas en su vida, un poco como su actual trabajo (el de repartidores sobre bicicleta), en el que se trata de girar y moverse. El movimiento como tabla de salvación.

Esos migrantes pueblan las capitales europeas. No hay más que hablar con alguno, que de un plumazo son capaces de diagnosticar cuál es la ciudad que en cada momento da más oportunidades. Choca escuchar en Londres a colombianos decir que migraron desde Madrid a Londres, porque la ciudad se había vuelto inasumible. Claudio Tolcachir retrata a estas personas que son caminantes que huyen y buscan, pero que no escapan de la opresión de un mundo tecnificado en el que la máquina escupe el reparto y las pocas monedas de estipendio.

Alrededor de la montaña de escombros hay peligros innumerables. Perros salvajes que acechan, vehículos que lanzan bolsas de escombros, policía y puentes que trazan una vía de conexión entre la marginalidad y el confort de una casa cualquiera. Una máquina automatizada que expele paquetes y billetes varios de un país inflacionado. Lo dicho, hay mucho existencialismo que juega con la contraposición de elementos abstractos con la rudeza (muy real) de las condiciones laborales.

Lo fácil en este planteamiento hubiera sido llevar la dramatización hasta el extremo, sacarnos los colores. Pero Tolcachir ha querido jugar con la alienación del relato sin caer en sentimentalismos ni relatos previsibles. Sabe que, en las sutilezas, es decir, en los finos engranajes de la historia, se va colando un sentimiento más profundo que la rabia o el enfado social, que es la tristeza. Su historia es, finalmente, triste. Triste con trazos de comicidad, pero fundamentalmente triste.

De Claudio Tolcachir hay que apreciar también la puesta en escena, ¡y vaya si sabe conjugar el trabajo de los actores! Nourdin Batán interpreta al migrante polivalente, el que sobrevive, el de piel curtida, que no concede ni una. Malena Gutiérrez es una mujer de mil batallas, de mil aristas, de mil adicciones, de mil abandonos, y con una interpretación honda sabe capturar los mil matices. Fer Fraga es la vitalidad que admiro tanto en la nueva forma de hacer teatro inglés. Jovialidad, energía y presencia, todo con enorme desparpajo y moviéndose entre registros. Nuria Herrero está a tope disfrutona, hilarante como una joven y desastrosa madre a la que no entendemos un pijo. Gerardo Otero es un personaje complejísimo. Ojo al peculiar acento argentino de baja extracción, casi sin vocalizar. Los pestañeos que vaticinan la ceguera antes de que sepamos algo de ella. Las cojeras. La vida que se evapora en una interpretación que embadurna de tristeza a estos pobres ciclistas.

Al teatro, cuando te ofrece de vuelta, un reflejo de lo que es la sociedad que habitas, cuando lo hace creando con viveza una acción que se convierte en pura realidad y cuando, por añadidura, lo hace a través de excelsos actores, que viven y sienten, que construyen con matices personajes que son personas… Cuando todo eso ocurre, al teatro no se le puede pedir más. Porque entonces se ha producido la magia de la transmutación.

La clá

www.lacla.es

*

Los de ahí. Teatro María Guerrero.

https://dramatico.mcu.es

Duración: 1 hora y media

Equipo artístico “Los de ahí”

Texto y dirección Claudio Tolcachir

Escenografía y vestuario Lua Quiroga Paul

Iluminación Juan Gómez-Cornejo

Diseño de sonido Sandra Vicente

Intérpretes: Nourdin Batán Fer Fraga Malena Gutiérrez Nuria Herrero Gerardo Otero

Deja un comentario

Sign Up to Our Newsletter

Be the first to know the latest updates