
No están todas las obras que merecen estar en el podio, pero confío en que al menos sí estén algunas de las más impactantes. No ha sido este año apoteósico en cuanto a gran número de montajes teatrales reseñables. Les confieso que echo de menos más apoyo al sector escénico y mayor osadía. Pero los datos de las artes escénicas muestran que todavía no se ha recuperado la afluencia que había en prepandemia. Contrasta con el increíble ecosistema de creadores en activo, desde dramaturgos, intérpretes o directores escénicos. Por no hablar de los escenógrafos, iluminadores y otros técnicos. Me preocupa, mucho, muchísimo, que los que nos sentemos en la butaca de patio seamos todos respetables ciudadanos de mediana edad que encontramos en la obra teatral del fin de semana un momento de reflexión hacia tanta locura circundante. ¿Dónde están los jóvenes?… La única compañía que empezó a apostar decididamente por ellos, los Kamikaze, se quedaron con el proyecto a medias. Hacen falta más Jauría, más debates con institutos, más promoción entre jóvenes. La Compañía Nacional de Teatro Clásico se está poniendo las pilas, con revisiones de clásicos en un tono más gamberro. Pero hay mucho por hacer.
Vamos con los aspectos positivos, un puñado de obras que demuestran que la fábrica está a pleno rendimiento, que los creadores escénicos están en plenitud. Ahí van las obras que destaco en este año 2025.
Los nuestros. Teatro Valle Inclán, Madrid.

Lucía Carballal demuestra que es una de las dramaturgas en activo más potentes. En Los nuestros crea un entramado de historias y viajes complejo y bien resuelto. Familias que dejan parte de lo que son en su país de origen y que cargan, al mismo tiempo, con el peso de la tradición, de sus raíces. Un elenco artístico redondo, en el que destacó Mona Martínez. El tótem escénico creado por Pablo Chaves es de los que perdurarán en la memoria. De lo mejor del año.
Natale in Casa Cupiello. La Perla 29, Barcelona.

¡Justo lo que hace falta en nuestra escena! Bullicio, muchos actores y un clásico revivido, Natale in Casa Cupiello. Lo de Pep Cruz en este Eduardo De Filippo es un tratado de magia actoral. Qué vitalidad en esta pieza de Oriol Broggi, que ojalá pudiese girar. Pura alquimia escénica.
El entusiasmo. Teatro María Guerrero, Madrid.

Otro dramaturgo que comparte (como Carballal) saltos entre el audiovisual y lo escénico, Pablo Remón, estrenó su nueva pieza, El entusiasmo, dedicada a los nacidos a finales de los setenta, principios de los ochenta. El personaje de Natalia Hernández resume la crisis burguesa de los de la generación X cuando comenta que ha visto en parques infantiles a personas completamente destruidas. Pieza de manufactura kamikaze que se nota en el cuidado elenco artístico y técnico. David Picazo ilumina a estos personajes perdidos con delicadeza y oficio. Un trabajo muy completo en todos sus vértices.
Abiertos en canal. Teatro Infanta Isabel, Madrid.

Esta pieza divertida y macabra sobre un matadero japonés se cuela entre las mejores por su buena producción. Y, sobre todo, por la constatación de que cuando no hay recursos, hay imaginación. El escenógrafo Alessio Meloni empapela con papel film el escenario de este matadero creando una conexión imaginativa entre carne y envasado. Un toque de genialidad para esta obra, Abiertos en canal.
Un tranvía llamado deseo. Teatro Español, Madrid.

Una versión clásica de un clásico, dirigida por David Serrano. Hacen falta muchos bemoles para enfrentarse a este tótem de Arthur Miller. Sensacionales Nathalie Poza y María Vázquez en este Tranvía llamado deseo. Pablo Derqui construye un Stanley propio, que hace estremecer con su violencia desbocada. Una producción muy cuidada que sorprende, por su calidad, a los que amamos este clásico americano.
Los de ahí. Teatro María Guerrero, Madrid.
Este drama merece un espacio por traer un trocito de lo que es la vida en nuestras ciudades. Claudio Tolcachir da luz a los riders, esos jóvenes que en cada trayecto se juegan la vida por llevar una hamburguesa a casa de alguien. Los intérpretes ofrecen un retrato estremecedor de pobres perdedores que viven en las orillas de la gente acomodada. Tolcachir nos recuerda que el teatro debe hablar, también, de los problemas sociales que nos envuelven.
The Years. Harold Pinter Theatre, Londres.
La escena londinense tiene una jerga propia. Por ejemplo, se elogia mucho cuando una obra lo ha petado en un teatro más local y pasa a representarse en el West End. Se dice que la producción ha sido transferida (transferred), y eso sólo es prueba de algo bueno. Es lo que ocurrió con The Years, montaje sobre la novela de la premio-Nobel Annie Ernaux (Francia, 1940). La producción destacó por crear efectos viscerales entre el público. Soy testigo de que en una función cualquiera, en un día cualquiera, la acción se interrumpió por un desmayo de un señor de avanzada edad ante un aborto representado con mucha sutiliza. El teatro como un lugar seguro en el que suceden cosas peligrosas. Cito a Miguel del Arco porque, si se animara a adaptar esta pieza, la bordaría.
La uña rota. Premio nacional a la mejor labor editorial cultural.

En este año 2025, la editorial segoviana La Uña Rota ha sido galardonada con el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2025. Tiene un mérito de narices. Olfato editorial por apostar por dos subgéneros abandonados, poesía y literatura dramática, y tesón por llevar años haciéndolo desde el extrarradio, en Segovia. Es cuestión de complicidad con sus lectores, también de trabajo constante, aquél con el que han ido acompañando cada lanzamiento teatral, apostando por situarse, como una fortaleza literaria, a la salida de cada función. Pero lo más complicado es ganarse la confianza artística de sus autores: Juan Mayorga, Pablo Remón, Lucía Carballal, Angélica Lidell…, los mejores del teatro de 2025 publican en La Uña Rota. Uno de los aciertos de los editores es cuidar al libro como objeto. De la misma manera que los escenógrafos cuidan la puesta en escena, los editores de La Uña Rota cuidan la portada, la tipografía, el formato de edición… creando un ejemplar singular en cada lanzamiento. Una de las grandes alegrías de este año 2025 ha sido el reconocimiento a tanto esfuerzo y gusto.
Butaca Digital.
Vale que el cine o la televisión no son teatro, pero las pantallas ofrecen una ventana única a conocer (o intuir) lo que han sido grandes vivencias escénicas que han ocurrido en un tiempo o un lugar no transitado. En este año 2025 la plataforma Filmin incorporó las seis piezas de Escenario 0, la serie teatral surgida a iniciativa de Irene Escolar y Bárbara Lennie, y coproducida por HBO.
Desde La clá también se ha dado espacio a iniciativas como National Theatre Live, que trae grandes éxitos teatrales londinenses a las salas del cine, gracias al grupo Yelmo.
Nuevo look en La clá, nuevas colaboraciones.

Este océano digital obliga a la reinvención constante, así que La clá se ha vuelto a remozar para dar más visibilidad a los contenidos históricos. En este año 2025, además, hemos empezado a colaborar con las valoraciones semanales de la Revista Godot. Y votado en premios nacionales, como los Talía y los Premios Godot.
Hasta aquí el fin del repaso del año 2025. Para el año que viene “me pido” seguir viendo buen teatro acompañada de cada vez más público joven en las butacas. Ya les contaré qué tal.
La clá

