
En Reino Unido es tradición programar por Navidad “pantomimes”, que es un género que tiene sus raíces en el teatro de máscaras, los arlequines y la Comedia del Arte. La cartelera navideña de cualquier ciudad inglesa se inunda de pantomimas, género que en la actualidad tiene convenciones muy marcadas. Hay hombres vestidos de mujeres, humor de mamporro, música y diálogos con doble significado. Muchos actores conocidos se unen a estas producciones navideñas.
Desde ya propongo que el Teatro de la Comedia instaure una nueva tradición festiva: la de programar pequeños homenajes a los bufos madrileños, siguiendo la divertidísima producción que, bajo iniciativa del actor (y maestro del clásico), Rafa Castejón, se puede ver estos días en Madrid. Las piezas de los bufos son tremendamente completas. Tienen música de género chico, bromas y malentendidos y mordaces comentarios políticos. La mejor receta para echar algo de picante a las fiestas navideñas y facilitar la difícil digestión del año.
Esta (espero) primera producción de Los bufos madrileños acompaña la exposición que puede verse en el foyer del Teatro de la Comedia de Madrid. La producción escénica tiene un marcado carácter didáctico y Rafa Castejón se encarga, en los primeros quince minutos, de contextualizarnos en este teatro de variedades que instauró el cómico y empresario teatral Francisco Arderíus (1835 – 1886). Este tipo de comedietas musicales se importaron de París, donde se dieron a conocer “les bouffes parisiens”. La compañía se instaló en el Théâtre des Bouffes-Parisiens bajo la dirección del compositor y empresario Jacques Offenbach (1819 – 1880). Hay en París otro teatro que en su día fue ocupado por unos bufos menos conocidos pero que también dedicaron su cartelera a operetas y sainetes. Se trata del Théâtre des Bouffes du Nord y es un emplazamiento emblemático porque fue en ese teatro, en el año 1974, donde el director teatral Peter Brook decidió establecer su nuevo concepto de teatro.
En España el género encontró pronto gran acogida, en parte por la personalidad inclinada hacia la comedia del carácter español. Importantes músicos compusieron para estas operetas. Y de alguno de sus actores se decía lo mismo que luego se comentó de Lola Flores: ni canta ni baila, pero no se la pierdan. Todo esto que aquí resumo nos lo cuentan en la presentación de la obra Chema del Barco, Antonio Comas y el propio Rafa Castejón. A continuación de la intro didáctica, entra en escena una adaptación de la zarzuela bufa Los órganos de Móstoles, con música de José Rogel y libreto de Luis Mariano de Larra.

La producción utiliza figurines y elementos escenográficos de montajes ya producidos para el Teatro Clásico, como los telones de El castigo sin venganza (2005) y Don Gil de las calzas verdes (1994). Y en parte ahí está la esencia de este espectáculo. Usar lo antiguo y reconvertirlo en algo nuevo, lustroso y con gracia. La escenografía es de uno de los mejores artistas de este medio, Alessio Melloni, cuya colorida paleta da a esta producción la vivacidad que necesita. Melloni es el diseñador de los escenarios de recientes y exitosos montajes (Los pálidos, La cabeza del dragón o La geometría del trigo). Tiene un sentido enorme del color y de la combinación de su escenografía con el vestuario de Gabriela Salaverri, se produce la ligazón perfecta que da a esta zarzuela el tono picante y divertido que necesita.
Los intérpretes están absolutamente entregados a la reivindicación del género bufo. Clara Altarriba es Pilar, la joven de las hijas. Y tiene a bien soltar unas notas estridentes y mal afinadas, que acompañan a su excéntrico y romántico personaje. Chema del Barco (Privacidad), con marcados bigotes y autoritaria voz, es el padre desesperado que publica un anuncio en la gaceta para casar a sus hijas. Rafa Castejón es un galán de medio pelo, con nombre no engañoso, Don Juan Tenorio. Castejón es una figura del teatro clásico (El castigo sin venganza), pero Helena Pimenta hizo que descubriésemos en él un enorme talento cómico en la adaptación de Noche de reyes. Aquí usa ese talento que, unido a sus dotes musicales y la dirección de la pieza, le convierten en el gran valedor de los talentos musicales del género bufo.
El tenor, bailarín y actor Antonio Comas hace de un señorito cincuentón ridículo. Paco Déniz (actor habitual de montajes de Alfredo Sanzol, como Días estupendos, Esperando a Godot o La ternura), se trae su enorme talento cómico para interpretar a un pretendiente basto y tosco. Eva Diego hace de la segunda hermana casadera y luce con soltura. Otra gran comediante que, como Déniz, es también habitual de los montajes de Sanzol, hace de la hilarante hermana mayor. Natalia Hernández está para troncharse como cuarentona que se quita años mientras va cambiando de peluca. Y el último doncel para las tres damiselas es David Soto, que hace de un impostado joven, sacando ese enorme talento para clásico, música y comedia que ya nos mostró en el montaje de Helena Pimenta, Noche de Reyes (Naves del Español en Matadero, 2022).
La obra es una sucesión de diálogos, cancioncitas, enredos y bailes. Todo jugando al doble rol de malos intérpretes. El público lo pasó bomba con esta pequeña pieza homenaje a la que le sobra talento por los cuatro costados.
Dando ideas, estaría bien dar continuidad a esta bufonada en sucesivas pantomimas navideñas para el Teatro de la Comedia. La Fundación Juan March también viene rescatando zarzuelas y obras poco representadas. El caso es que una cosa tan imaginativa tenga continuidad. Por si acaso, corran que le queda pocos días en la Comedia.
La clá
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Los bufos madrileños. Teatro de la Comedia.
https://teatroclasico.mcu.es/
Imágenes de Sergio Parra, cortesía del equipo de prensa de la Compañía Nacional de Teatro Clásico.
Duración aproximada de la obra: 80 minutos.

